Tijuana en picada: la ciudad que normalizó la barbarie

Tijuana ya no arde, se pudre en silencio. Entre agentes que asaltan, guardia nacional que irrumpen en casas y ladrones que entran y salen de bancos como Pedro por su casa, lo único blindado es el cinismo del poder. Mientras el alcalde se esconde y su secretario juega al fantasma, la ciudad entera aprende a caminar con miedo, como si fuera parte del paisaje. Aquí, el crimen no duerme, pero el gobierno sí… y ronca.