Entre el discurso y la sangre: la realidad que la Mañanera no quiere ver en Baja California

Mientras en la Mañanera del Pueblo se presumen logros económicos, planes históricos y discursos de estabilidad, en Baja California la realidad sigue marcada por la violencia, la inconformidad social y la desconfianza ciudadana; dos Méxicos que chocan todos los días entre el discurso oficial y lo que se vive en las calles.

Mientras en la Mañanera del Pueblo se presume un país en ruta de estabilidad, crecimiento económico y gobernabilidad, en Baja California —y particularmente en Tijuana— la narrativa oficial choca de frente con una realidad que no se puede maquillar. Desde Palacio Nacional se habla de salarios históricos, planes de justicia, tratados respetados y una transformación que avanza; en las calles, la ciudadanía vive violencia cotidiana, colapso urbano y una creciente desconfianza hacia sus autoridades.

Este lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum volvió a enumerar logros de la Cuarta Transformación: récords de empleo, fortalecimiento del bienestar, cooperación internacional sin subordinación y respeto a los derechos humanos. Sin embargo, ese discurso parece no aterrizar en estados donde la inseguridad sigue siendo la constante y donde los gobiernos locales repiten, como mantra, que “los índices van a la baja”, aun cuando los hechos demuestran lo contrario.

En Tijuana, tan solo en los últimos días, se han documentado asesinatos múltiples, cuerpos maniatados, ejecuciones con armas de alto poder, ataques en zonas comerciales y homicidios que, aunque algunos se clasifiquen como “culposos”, reflejan un entorno de violencia desbordada. A ello se suman denuncias ciudadanas de abusos policiales, robos cometidos en retenes, extorsiones y una percepción generalizada de impunidad.

La pregunta es inevitable: ¿de dónde salen los números alegres que presentan las autoridades estatales y municipales? ¿Qué metodología permite afirmar que la seguridad mejora cuando la sangre sigue corriendo en colonias populares, zonas comerciales y vialidades principales? El discurso oficial insiste en el control, pero la realidad insiste en el caos.

El contraste se vuelve aún más evidente cuando desde el gobierno federal se asegura que no se reprime la protesta social, mientras productores agrícolas, transportistas y ciudadanos enfrentan advertencias legales, bloqueos criminalizados y llamados al “orden” que antes eran celebrados como actos de resistencia cuando Morena estaba en la oposición.

Hoy, el país parece vivir dos realidades paralelas: la del micrófono y la del pavimento; la de los informes y la de las fosas; la del discurso triunfalista y la del ciudadano que ya no se siente seguro ni siquiera frente a quienes deberían protegerlo.

La Mañanera del Pueblo puede seguir enumerando logros, pero mientras no se reconozca la profundidad de la crisis en estados como Baja California, la brecha entre el poder y la calle seguirá creciendo. Y cuando eso ocurre, no hay narrativa que alcance para contener el hartazgo social.

Total
0
Shares
Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *