¿Morena sin enemigos… o Morena es su propio enemigo?

Morena gobierna Baja California y Tijuana ya sin el PAN y sin el PRI, pero también sin resultados contundentes; el vacío de enemigos externos dejó al descubierto que el mayor desgaste del proyecto ya no viene del pasado, sino de su propia incapacidad para resolver los problemas cotidianos de la ciudad.

En Baja California, Morena ya no puede culpar al pasado, la narrativa del “antes estábamos peor” se agotó hace tiempo. Han pasado dos gobernadores morenistas consecutivos y tres alcaldes en Tijuana después, el resultado es claro: el enemigo ya no está afuera. El problema es Morena gobernándose a sí mismo.

Durante años, el movimiento se sostuvo sobre un relato poderoso: el PAN y el PRI eran los corruptos, Morena los distintos, en Tijuana ese discurso funcionó mientras existía un villano claro a quien señalar. Hoy no lo hay, el PAN y el PRI ya no gobiernan, no bloquean, desde hace 7 años y sin embargo, la inseguridad sigue, los servicios públicos colapsan, la movilidad es un desastre, el agua es motivo de conflicto y la ciudad vive una crisis diaria que nadie logra contener.

Sin adversarios visibles a quien señalar, el conflicto que alimentaba a Morena se volvió interno. Hoy el partido se muerde la lengua: pleitos entre grupos, ataques entre funcionarios, guerras encarnadas por el control político y una constante necesidad de inventar culpables externos (sin éxito por cierto) que ya no convencen a nadie.

En Tijuana ya no sirve señalar al PAN, ni al PRI, ni a jueces, ni a medios críticos. La violencia no puede explicarse con discursos baratos cuando los homicidios se acumulan colonia por colonia. La falta de resultados no se tapa con propaganda cuando el ciudadano tarda horas en llegar a su casa, vive entre baches, retenes arbitrarios y miedo cotidiano.

Morena necesita enemigos para justificar errores, improvisaciones y fracasos. Pero al no encontrarlos, corre el riesgo de convertirse en lo mismo que juró combatir: una nueva mafia del poder, desconectada de la realidad y sostenida solo por el control político.

En Baja California y particularmente en Tijuana, la pregunta ya no es quién estorba a Morena, la pregunta es cuánto tiempo más podrá gobernar sin resultados, sin autocrítica y sin darse cuenta de que, esta vez, el enemigo está en casa.

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