TIJUANA, BC. – Lo que comenzó como un gesto de empatía se convirtió en un proyecto que ha llevado miles de platos de comida caliente a personas en situación de movilidad. Sin embargo, hoy “Comida Calientita” atraviesa su etapa más difícil desde su creación, al enfrentar la falta de recursos y el impacto de la gentrificación en la Zona Centro de Tijuana.
“Estamos en luz roja. Ya no llegan las donaciones como antes”, lamentó Esther Morales Guzmán, fundadora de la iniciativa. El pago mensual del local donde cocina —500 dólares que incluyen agua y luz— se ha vuelto una carga insostenible sin apoyo externo.
Pese a los obstáculos, Esther no se rinde. Recientemente lanzó una salsa artesanal llamada “De este lado también hay sueños”, cuya venta busca generar ingresos para sostener el proyecto. Se ofrece en el local por 30 pesos.
“Una comida casera puede cambiar el día de alguien en un albergue”, asegura Morales, quien continúa recolectando alimentos y ropa para migrantes. Las donaciones pueden hacerse en especie o mediante transferencia a la cuenta BBVA CLABE 012028001235864802.
Más que un comedor, “Comida Calientita” representa un acto de resistencia solidaria frente a la indiferencia. Esther continúa apostando por un Tijuana más humano, un plato a la vez.

