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“Yo no me voy”: alcaldesa de San Quintín se aferra al cargo mientras el municipio se bloquea

En San Quintín, la democracia parece haber adoptado una nueva definición: gobernar es resistir, escuchar es opcional y renunciar… impensable. Así lo dejó claro la alcaldesa Miriam Cano Núñez, quien, en medio de protestas ciudadanas y bloqueos carreteros que paralizan al municipio, sentenció con firmeza burocrática: “Yo no voy a dejar mi cargo, ni le voy a pedir a mis funcionarios que dejen el cargo”.

La declaración se dio durante una reunión en el Ayuntamiento con representantes de los manifestantes, esos ciudadanos incómodos que, para mala fortuna del poder, insisten en exigir cuentas, resultados y en este caso, la renuncia de la presidenta municipal y parte de su equipo. Pero la respuesta fue clara: aquí no se mueve nadie… al menos del gobierno.

Mientras tanto, la carretera Transpeninsular sigue bloqueada en distintos puntos, afectando a productores, transportistas, estudiantes y familias enteras. Pero eso parece ser un daño colateral menor frente a la prioridad real: sostener el cargo cueste lo que cueste. Porque en la lógica oficial, el problema no es el descontento social, sino la osadía de quienes protestan.

Lo paradójico es que todo esto ocurre a escasos días de la visita de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, a San Quintín. Un detalle menor, claro, salvo porque convierte al municipio en un escaparate incómodo de inconformidad, bloqueos y hartazgo ciudadano justo cuando se espera mostrar gobernabilidad y “bienestar”.

Las autoridades municipales aseguran que hay diálogo, aunque los bloqueos continúan y las demandas siguen sin respuesta concreta. Una mesa de negociación sin acuerdos, sin soluciones y sin consecuencias parece ser el nuevo estándar de atención ciudadana.

En San Quintín, el mensaje es contundente: el gobierno no se va, aunque el pueblo cierre carreteras; los funcionarios no renuncian, aunque el municipio esté paralizado; y la responsabilidad política se ejerce mirando hacia otro lado.

Porque al final, en este guion ya conocido, la ciudadanía estorba, la protesta incomoda y el poder, como siempre, se defiende primero a sí mismo.

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