En menos de 24 horas, Tijuana volvió a demostrar que la narrativa oficial de la “seguridad a la baja” es, en el mejor de los casos, una broma de mal gusto. Dos hechos gravísimos, imposibles de ocultar, dejaron en evidencia que el control prometido simplemente no existe… o peor aún, que existe pero está del lado equivocado.
Primero, durante la madrugada del miércoles, sujetos que aparentemente son elementos de la Guardia Nacional, portando uniformes y utilizando una unidades similares a las oficiales, irrumpieron en el domicilio de una pareja de médicos. No fue un asalto cualquiera: fue un saqueo con método, con tiempo y con total impunidad. En los videos difundidos se observa con claridad cómo uno de los agentes o presuntos agentes sale tranquilamente cargando bolsas de marca, como si se tratara de un “operativo de compras nocturnas”.
El esposo de la víctima narró en un audio los momentos de terror vividos dentro de su propia casa. Lo más indignante vino después: al solicitar apoyo de la Policía Municipal, la respuesta fue una avalancha de preguntas inútiles, una llamada eterna, un protocolo perfecto para darle tiempo a los ladrones de desaparecer. Cuando por fin llegaron las patrullas, ya no había nada que hacer. ¿Torpeza del operador? tal vez, ¿Complicidad? con esta 4T ya nada sorprende.
Horas más tarde, como si el día no hubiera sido suficientemente vergonzoso, policías municipales hicieron uso de la fuerza para someter a un empresario reconocido de la ciudad. ¿Su delito? Atreverse a apoyar a un automovilista que estaba siendo extorsionado. Al verse exhibidos, los elementos optaron por la solución más sencilla: callar al testigo… someterlo y esposarlo.
¿No que los índices delictivos van a la baja? ¿No que todo eran “chismes”? Eso aseguraron hace apenas un par de semanas el secretario de Seguridad Pública, José Alejandro Ávila Amezcua y el alcalde Ismael Burgueño, quienes juraron que Tijuana estaba mejor que nunca.
Sí, tienen razón: la seguridad está como nunca… nunca había estado tan ausente.
Mientras tanto, el alcalde anda inaugurando clínicas comunitarias, como si esa fuera la función principal del Ayuntamiento. Curioso, porque la Constitución y la ley son claras: una de sus responsabilidades fundamentales es prevenir. Por algo se llama policía preventiva, exactamente como “previnieron” el asalto a una pareja dentro de su hogar o como “previnieron” la extorsión en la vía pública.
Ya basta de discursos, de cifras maquilladas y de propaganda, Tijuana no necesita más inauguraciones para la foto, necesita autoridad, prevención y policías que cuiden a la gente, no que la asalten o la golpeen.

