En política, hay horarios que suelen considerarse “difíciles”: el domingo por la tarde, con la familia reunida, la agenda personal en marcha y para muchos, un partido decisivo en pantalla. Por eso llamó la atención la convocatoria de la diputada Evangelina Moreno a un en vivo en una franja que, en teoría, jugaba en contra de cualquier esfuerzo de comunicación pública. Sin embargo, lo que parecía una apuesta arriesgada terminó por convertirse en un ejercicio de cercanía con resultados contundentes.
El dato habla por sí solo: 893 personas conectadas para escuchar, preguntar y platicar directamente con la legisladora. No se trató de una transmisión más; fue un espacio de conversación en el que la ciudadanía encontró un canal abierto para expresar dudas, plantear inquietudes y conocer, de primera mano, el trabajo y las posturas de su representante. En tiempos donde la confianza se construye con hechos y con presencia, estos formatos suman valor porque acercan la política al terreno de lo cotidiano.
Lo más llamativo del caso es el contexto: la transmisión ocurrió en domingo y coincidió con el cuarto cuarto del Super Bowl, uno de los momentos de mayor audiencia y atención en el entretenimiento. Aun así, la interacción se mantuvo y el interés no se diluyó. Ese contraste deja un mensaje claro: cuando hay una comunidad atenta y una figura pública dispuesta a dialogar, incluso la competencia más fuerte puede quedar en segundo plano.
Más allá de números, el resultado refleja algo esencial: la comunicación directa sigue siendo un puente efectivo para fortalecer la relación entre instituciones y sociedad. En un escenario donde abundan los mensajes filtrados o los debates a distancia, abrir la conversación y sostenerla con respeto y disposición puede marcar diferencia.
El ejercicio de Evangelina Moreno deja una señal positiva: hay espacio para una política que se explica, que escucha y que se presenta sin pretextos, aun en el “peor” horario. Y cuando eso ocurre, el ciudadano responde.

