Desde el templete, desde el boletín bien editado, desde la conferencia con aire triunfal, alcaldes y gobernadora repiten la misma consigna: todo va bien. Baja California avanza. El salario mínimo sube, la transformación está en marcha. El problema es que basta salir a la calle para que el guion se desmorone.
En la colonia El Florido, en Tijuana, padres y madres de familia tomaron la Secundaria General No. 17 “Bicentenario de la Nación”. No fue por capricho ni por grilla. Fue porque sus hijas e hijos pasan semanas sin clases. Matemáticas, inglés, biología, geografía, educación física: materias básicas convertidas en lujo. De 21 grupos, apenas cinco funcionan de manera regular algunos días. Así se “garantiza” el derecho a la educación.
El problema no es nuevo. Viene desde el año pasado, maestros interinos que se van, permisos de hasta un año, horas sin cubrir, promesas sin cumplir. La Secretaría de Educación lo sabe, los padres lo denunciaron, se pidió diálogo, se agendó una reunión, nadie llegó. El silencio administrativo se volvió respuesta oficial.
Mientras tanto, el discurso presume aumentos salariales. Es cierto, el salario mínimo subió, lo que no dicen es que la comida, la ropa, el transporte, la renta, todo cuesta tres, cuatro o cinco veces más. El aumento se evaporó antes de llegar a la quincena. El empleo formal sigue sin aparecer para miles. La salud pública presume cobertura, pero los enfermos siguen sin medicamento. La educación presume prioridad, pero las escuelas se quedan sin maestros.
Esta es la verdadera radiografía del “bienestar”. Familias obligadas a cerrar una escuela para que el Estado haga su trabajo. Alumnos con horarios recortados que aprenden a medias, padres convertidos en gestores porque la burocracia no responde, un gobierno que se ofende ante la crítica pero se acostumbra a la omisión.
Baja California no necesita más discursos optimistas ni cifras maquilladas. Necesita maestros en las aulas, medicinas en los hospitales, empleos reales en la calle. Decir que todo está bien cuando no lo está no es propaganda. Es cinismo.

