Morena contra Morena: la guerra que viene

Cuando el proyecto es personal, la transformación se convierte en fractura.

En Baja California la política no descansa, tampoco perdona. El rumor que vuelve a tomar fuerza coloca a Montserrat Caballero fuera de Morena, coqueteando con el Partido del Trabajo, no sería un berrinche ideológico, sería cálculo puro. La ex alcaldesa ha dejado ver en repetidas ocaciones su distancia con Marina del Pilar, una relación que pasó del abrazo público a la frialdad institucional con velocidad supersónica.

El trasfondo no es menor, en el ajedrez de la 4T el poder real no siempre está en la popularidad sino en la capacidad de bloquear. La gobernadora, debilitada por escándalos que salpican su administración, podría no tener el control absoluto del tablero, sin embargo conserva una pieza clave: el veto político, ese instrumento silencioso que impide candidaturas incómodas antes de que siquiera lleguen a la boleta.

Caballero lo sabe, si permanece en Morena su aspiración a la gubernatura quedaría a merced de quien hoy ocupa el ejecutivo estatal, si migra al PT se libera del candado interno aunque fracture al bloque oficialista. La pregunta no es si puede ganar la gubernatura, seamos francos la zona este de Tijuana no construye un estado, la pregunta es cuánto daño puede provocar. Una candidatura para la alcaldía  de Tijuana sí tiene potencia real, ahí donde construyó estructura territorial, ahí donde puede medir músculo.

En paralelo, Ismael Burgueño Ruiz sueña con la gubernatura, quiere ser el abanderado aunque su posicionamiento luce fragmentado. La eventual reelección pende de hilos que no controla, la aritmética de género pesa más que los discursos, pero si Morena pretende retener Mexicali, difícilmente enviará un hombre a competir de manera simultánea en las dos principales ciudades. La paridad se volvió norma legal, también excusa conveniente.

El escenario extremo dibuja una boleta partida en tres: Burgueño por el Verde, Caballero por el PT, una candidata de Morena intentando sostener el barco, la llamada cuarta transformación convertida en rompecabezas de ambiciones cruzadas.

En política nadie se va del partido, se va del control.

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