En Baja California el discurso oficial presume compromisos con la educación pública mientras en la realidad los salones permanecen vacíos. Esta semana madres y padres de familia tomaron las oficinas de la Secretaría de Educación en Zona Río para exigir algo elemental: maestros frente a grupo. No pidieron tablets, ni canchas nuevas, ni discursos motivacionales, exigieron docentes para cubrir horarios que llevan meses incompletos.
Las secundarias 17, 31, 33 enfrentan la misma escena repetida ciclo tras ciclo, grupos sin clases de matemáticas, química, geografía, artes. Más de cien horas acumuladas sin cubrir en algunos planteles, alumnos que salen antes de tiempo porque no hay quien imparta la materia, funcionarios que prometen revisarlo. Promesas que caducan antes de convertirse en soluciones.
La gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda llegó al cargo con la bandera de la transformación educativa. Hoy el sistema exhibe parches, interinatos improvisados, vacantes eternas. Padres exigen maestros de base, no contratos temporales que desaparecen a mitad del semestre. Piden estabilidad para sus hijos, no simulaciones administrativas.
La narrativa oficial suele culpar a la federación, a la falta de presupuesto, a trámites heredados. Resulta curioso que cuando se trata de anunciar programas o inaugurar edificios las cámaras aparecen de inmediato. Cuando faltan docentes el silencio se vuelve política pública.
El problema no es menor, la pérdida de horas efectivas impacta directamente en el aprendizaje, amplía brechas académicas, normaliza la mediocridad institucional. En colonias como El Florido la escuela pública no es una opción secundaria, es la única puerta posible, si esa puerta se mantiene entreabierta por falta de personal, el mensaje es devastador.
Padres cumplieron con lo suyo, pagan impuestos, asisten a reuniones, sostienen cooperaciones y el gobierno, en cambio, parece atrapado entre burocracia, cálculos políticos, prioridades difusas. La educación dejó de ser prioridad real para convertirse en consigna.
La toma de oficinas no es un capricho, es el síntoma de un sistema que falla en lo básico. Baja California no necesita más comunicados, necesita maestros en cada aula, horarios completos, responsabilidad clara. Porque cuando el Estado abandona la escuela pública no solo falla un trámite administrativo, se fractura el futuro.

