La grieta incómoda: cuando el aliado rompe el guion

Cuando el fuego amigo empieza a arder, el incendio ya no se controla con boletines.

No fue la oposición, no fue el bloque “conservador”, fue el propio Partido del Trabajo, aliado formal de Morena, integrante disciplinado de la llamada Cuarta Transformación, quien esta vez decidió patear el tablero.

La diputada Yohana Gilvaja no solo cuestionó el monto de la desaladora, cuestionó el método, cuestionó la deuda, cuestionó la discrecionalidad fiscal. Eso, viniendo de un partido que camina bajo la misma sombrilla política que la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, no es un detalle menor, es una grieta.

En Baja California la narrativa oficial presume unidad, transformación, responsabilidad histórica. Sin embargo, cuando un aliado advierte que el proyecto hídrico parece más un compromiso financiero a 30 años que una solución técnica transparente, la historia cambia de tono

La desaladora pasó de costar 2 mil 200 millones a requerir 760 millones adicionales. La cifra final proyectada ronda los 10 mil millones en el largo plazo. El problema no es el agua, eEl problema es la ingeniería presupuestal, más aún cuando se plantea mover el control del impuesto sobre la nómina fuera del debate legislativo. Eso ya no es solo financiamiento, es concentración de poder.

En Tijuana el argumento de la diputada conecta con algo más profundo: el temor a que se cargue el costo a las empresas formales mientras el empleo formal pierde dinamismo. En tiempos de desaceleración, elevar presiones fiscales para cubrir compromisos de deuda no parece precisamente una política de estímulo.

Lo más incómodo para el Ejecutivo no es la crítica del PAN, es la crítica desde casa, cuando un aliado habla de opacidad, de imposición, de facultades violentadas, el discurso de consenso se resquebraja.

La 4T presume escuchar al pueblo, el antecedente del plebiscito sobre el Boulevard 2000 dejó dudas sobre qué tan selectiva puede ser esa escucha.

Si hasta los aliados levantan la ceja, quizá el problema no es la oposición, quizá el problema tampoco sea el proyecto, quizá el problema sean los pésimos gobernantes que quieren seguirse enriqueciendo a costas de futuras generaciones.

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