Otra vez la realidad le arruina el discurso a la autoridad. Mientras el optimismo institucional presume operativos exitosos, los datos presentados por el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública confirman lo que cualquier tijuanense ya sabe: la inseguridad tiene domicilio fijo en la Tijuana, Zona Centro encabeza la lista, seguida por Zona Río, El Florido en sus dos secciones, además de la 20 de Noviembre. Sitios donde el delito no necesita esconderse.
El anuncio ocurrió en el Museo Ámbar de Tijuana, espacio cultural que sirvió de escenario para una radiografía poco alentadora. Roberto Quijano expuso que los robos, asaltos dominan la escena delictiva. Martes, miércoles entre las 11 de la mañana, las 2 de la tarde concentran la mayor incidencia, el crimen con horario de oficina, ironías de la ciudad que presume dinamismo económico.
La revelación tiene implicaciones incómodas. Si se conoce el día, la franja horaria, la ubicación exacta, ¿qué impide desplegar vigilancia focalizada, inteligencia operativa, patrullaje estratégico? Resulta curioso que la información exista con tal precisión mientras el ciudadano camina con la cartera en la mano como si ofreciera tributo obligatorio.
El diagnóstico también advierte el crecimiento sostenido de la violencia intrafamiliar desde la pandemia por COVID-19, el encierro destapó conflictos que nunca recibieron atención estructural, la autoridad habla de coordinación institucional, participación ciudadana. Frases recicladas que suenan bien en micrófono. En la práctica, la denuncia sigue siendo laberinto burocrático.
Más preocupante aún es el aumento en robo a transeúnte, comercio, vivienda, vehículo. Delitos que golpean la economía cotidiana, erosionan la confianza pública, normalizan el miedo. No se trata solo de estadísticas. Se trata de ciudadanos que ajustan horarios, rutas, hábitos para sobrevivir.
La pregunta de fondo es simple: ¿cuántos estudios más se necesitan para convertir el diagnóstico en acción real? Tijuana no requiere otra presentación solemne. Requiere resultados medibles, transparencia en el uso de recursos, rendición de cuentas.
Porque cuando el delito tiene mapa, horario, frecuencia, la omisión también.

