En Tijuana hay una escena que se repite con demasiada frecuencia: padres de familia organizándose para defender lo más básico, la educación de sus hijos. Mientras tanto, las autoridades que deberían anticipar problemas parecen enterarse cuando el conflicto ya está encima de la mesa.
Eso ocurrió en la Escuela Primaria Federal Francisco Márquez, la comunidad escolar comenzó a encender alertas ante la posible desaparición del primer grado. Para la burocracia educativa puede parecer un simple ajuste administrativo. Para las familias significa algo mucho más serio: incertidumbre sobre el inicio escolar de niñas además de niños que apenas comienzan su formación.
La preocupación llegó hasta el Ayuntamiento. La regidora Sandra Magaña Ríos decidió acudir directamente al plantel, escuchar a las familias además de conocer el problema desde el lugar donde realmente se vive.
Parece un gesto sencillo, lo es, También es algo que muchas autoridades educativas han dejado de hacer.
Madres además de padres explicaron el riesgo que representa eliminar un grupo de primer grado. Menos espacios disponibles terminan saturando otras escuelas, obligan a traslados complicados, generan presión en comunidades que ya enfrentan falta de infraestructura educativa.
En otras palabras, decisiones tomadas desde un escritorio terminan afectando la vida diaria de cientos de familias.
Durante el encuentro, la regidora escuchó cada planteamiento con atención, reiteró que dará seguimiento a la situación además de buscar que las instancias correspondientes atiendan el problema antes de que termine convirtiéndose en una crisis para la comunidad escolar.
El episodio deja una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿por qué una comunidad tiene que movilizarse para defender algo tan elemental como mantener un grupo escolar?
La educación básica debería ser prioridad permanente del gobierno. Sin embargo, la realidad en muchas colonias de Tijuana muestra lo contrario: escuelas saturadas, decisiones poco transparentes, comunicación casi inexistente con quienes viven el problema todos los días.
En medio de ese panorama, la presencia de una autoridad dispuesta a escuchar adquiere relevancia. No porque sea extraordinaria, sino porque evidencia una carencia que se ha vuelto demasiado común en la política pública.
Cuando el gobierno se aleja de las escuelas, las comunidades terminan haciendo el trabajo que las instituciones dejaron de cumplir.

