En Tijuana se ha normalizado una escena peligrosa: el delito o la negligencia ocurren primero, la autoridad aparece después, casi siempre para administrar las consecuencias. Esa costumbre institucional, tan vieja como el desorden vial de la ciudad, explica por qué un hecho que debería escandalizar terminó siendo contado casi como anécdota de valentía. Un joven de 18 años tuvo que perseguir a un tráiler que había golpeado su automóvil y otros más para impedir que el responsable desapareciera entre el tráfico. Dicho sin rodeos: un ciudadano hizo el trabajo que corresponde a la vigilancia pública.
El episodio en Mariano Matamoros no retrata solamente la imprudencia de un chofer. Exhibe algo más profundo: la fragilidad del control en las calles de Tijuana, sobre todo cuando circulan unidades de gran tamaño capaces de convertir cualquier trayecto en una cadena de daños. El operador siguió avanzando después de impactar vehículos, como si en esta ciudad escapar fuera una posibilidad razonable. Tal vez lo creyó porque, en efecto, muchas veces lo es. Aquí la fuga no siempre enfrenta una respuesta inmediata. Con frecuencia se apuesta a la confusión, al caos, al cansancio de las víctimas.
Por eso la decisión de Javier no debería celebrarse como gesto heroico sin matices. Resulta comprensible su reacción, incluso admirable. También revela una anomalía alarmante. Un muchacho terminó asumiendo un riesgo que podía salir mucho peor, todo para conseguir algo elemental: que el responsable se detuviera. La postal es incómoda porque desnuda una verdad que el gobierno rara vez quiere admitir. Cuando la capacidad de reacción institucional falla, la ciudad empuja a sus habitantes a resolver por cuenta propia lo que tendría que garantizar el Estado.
El problema no termina con la detención del conductor ni con la grúa retirando el camión. El punto de fondo es otro: ¿cuántos responsables sí logran irse?, ¿cuántos accidentes quedan en simple reporte porque nadie puede seguir al infractor?, ¿cuántas veces la autoridad llega solamente para tomar nota de lo que ya pasó? En esa cadena de omisiones, la ciudadanía carga con el costo material, con el tiempo perdido, con el miedo.
Tijuana no necesita héroes improvisados en cada esquina. Necesita instituciones que hagan su trabajo antes de que perseguir a un tráiler se convierta en la nueva forma de pedir justicia.
Redaccion Noticias Contraste BC

