La posible de Nemesio Oseguera Cervantes abre una pregunta incómoda: ¿de verdad el gobierno va un paso adelante del crimen organizado o apenas va tomando lista de los relevos? El secretario Omar García Harfuch afirmó que existen cuatro perfiles identificados para suceder al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. La declaración suena firme, casi tranquilizadora, el problema es lo que implica.
Si ya saben quiénes son, significa que el relevo interno está estructurado. Un cártel que puede enumerar sucesores no es una banda improvisada sino una empresa criminal con organigrama, cadena de mando, manual de continuidad. Mientras el discurso oficial celebra capturas “históricas”, la realidad confirma que la franquicia sigue viva.
En Baja California el asunto no es abstracto, Tijuana ha sido laboratorio de expansión para grupos que operan bajo las siglas del CJNG, Mexicali tampoco ha estado exenta de células que disputan rutas, narcomenudeo, cobro de piso. Cada reacomodo en la cúpula repercute en las calles con balaceras, desapariciones, amenazas a comerciantes. El ciudadano común paga la transición como si se tratara de una reforma administrativa más.
Resulta inevitable preguntar qué significa “tener identificados” a los cuatro aspirantes. ¿Están vigilados de forma permanente? ¿Se han congelado sus finanzas? ¿Se han judicializado carpetas sólidas? O se trata de nombres en un pizarrón que serán útiles para la siguiente conferencia matutina. La estrategia de seguridad suele anunciar futuros golpes con precisión quirúrgica aunque los homicidios mantengan su terquedad estadística.
Hay otra arista que incomoda al poder: la fragmentación, la experiencia mexicana demuestra que descabezar no siempre debilita, en ocaciones multiplica. Cuatro posibles sucesores pueden traducirse en cuatro facciones compitiendo por territorios clave, incluidos los cruces fronterizos de Baja California. Más violencia, más presión social, más discursos prometiendo ahora sí el control total.
El Estado presume información privilegiada, la ciudadanía exige resultados verificables. Identificar herederos no basta si el andamiaje financiero, político, policial que permitió el crecimiento del cártel permanece intacto.

