Tijuana, B.C. — Con entusiasmo y un mensaje de “transformación”, la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda anunció que la construcción del Viaducto Elevado Aeropuerto–Playas de Tijuana alcanza ya el 96% de avance, según su más reciente publicación en redes sociales.
“¡La megaobra del Viaducto Elevado no se detiene! Ya cuenta con un 96% de avance”, escribió la mandataria, acompañando el mensaje con imágenes del proyecto. En ellas se observan maquinaria pesada, varillas expuestas, columnas inconclusas y zonas que claramente siguen en plena obra.
Es aquí donde surgen las dudas: si el 96% se ve así, ¿cómo lucirá el 100%? porque no hace falta ser ingeniero ni arquitecto para notar que la obra todavía está lejos de estar terminada.
El mensaje oficial, adornado con frases sobre “menos tiempos de traslado” y “mayor flujo comercial”, parece más una estrategia de comunicación que un reporte técnico, una narrativa diseñada para proyectar eficiencia y avance, aunque la realidad visible no respalde esas cifras.
La publicación también reconoce el trabajo de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), encargada de ejecutar el proyecto, mientras los tijuanenses siguen enfrentando cierres, desvíos y congestionamientos que se han vuelto parte del paisaje cotidiano.
Es importante subrayar que la crítica no va contra la obra, sino contra la forma de comunicarla, presentar avances como logros concluidos o porcentajes que no coinciden con la evidencia visual, solo alimenta la desconfianza ciudadana.
El Viaducto Elevado es una infraestructura estratégica para la movilidad de Tijuana, sí; pero si realmente está al 96%, los tijuanenses podrían esperar que en cuestión de semanas se inaugure oficialmente. Algo que, a simple vista, parece más un deseo que una posibilidad.
En resumen, el proyecto avanza, pero el discurso oficial avanza mucho más rápido que la maquinaria y aunque los números suenen bien en redes sociales, en Tijuana la realidad sigue midiéndose en horas de tráfico, no en porcentajes de optimismo.

