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Gobierno condena protestas, pero en Tijuana la ciudadanía revira: “La violencia es la del gobierno, no la del pueblo”

Myrna González, dirigente del PAN en Tijuana, cuestiona frontalmente el discurso oficial de Morena tras las protestas del 15N: “¿De qué libre expresión hablan si blindaron las calles por miedo al pueblo?”, señala mientras crece el rechazo ciudadano a los comunicados gubernamentales.

Tras las manifestaciones nacionales del 15 de noviembre, gobernadores morenistas y el propio partido emitieron comunicados condenando “los actos de violencia” registrados durante la protesta en el Zócalo, sin embargo en Baja California, la reacción no fue la que esperaban: miles de ciudadanos aprovecharon esos mismos comunicados para denunciar la incongruencia, el abuso de poder y el clima de miedo que se vive en la región.

La presidenta del PAN Tijuana, Arq. Myrna González, cuestionó abiertamente la postura oficialista y señaló la distancia entre el discurso del gobierno y la realidad que enfrenta la ciudadanía:

“¿De qué libre expresión hablan? ¿Por qué tanto miedo? ¿Por qué blindar calles y montar barricadas en el Zocalo, si la gente solo quería manifestarse? Yo asistí a la marcha en Tijuana como ciudadana, no como dirigente. Porque soy una tijuanense indignada por lo que está pasando en nuestra ciudad”.

Mientras el gobierno hablaba de “manifestación pacífica” y “rechazo a la violencia”, ciudadanos reportaron retenes, vallas metálicas, cierre de avenidas y despliegues de seguridad inusuales. Los comunicados oficiales —uno firmado por todos los gobernadores de Morena y otro emitido directamente por el partido— buscaron responsabilizar a la oposición y presentar la protesta como un acto “radicalizado”, “manipulado” e “incoherente”.

Pero las redes sociales reaccionaron con fuerza, miles de comentarios en Facebook, Instagram y X revirtieron el mensaje oficial.

Los ciudadanos acusaron hipocresía, incongruencia y miedo del gobierno. Lo expresaron sin titubeos:

En los comentarios, la indignación llegó en avalancha: rechazaron “la violencia… pero la violencia del gobierno”, exigieron que también condenaran “la delincuencia que ustedes permiten, el sector salud colapsado y los desaparecidos”, cuestionaron el blindaje de Palacio Nacional —“¿a quién le tienen miedo?”— y señalaron la incongruencia de hablar de paz mientras “gobiernan con miedo y represión”; miles acusaron al gobierno de culpar siempre “a la derecha” cuando, aseguraron, quienes marcharon fueron ciudadanos hartos.

Incluso etiquetando directamente: “Rechazamos un gobierno con nexos con el crimen. #NarcoGobernadora”. En respuesta a la narrativa oficial que calificó la movilización como un intento de desestabilización, la gente fue tajante: “La única desestabilización viene de un gobierno que no escucha”; “si la protesta es pacífica, ¿por qué tanta policía y barricadas?”; “la violencia no está en las marchas, está en las calles y ustedes no la quieren ver”. Cada comunicado oficial recibió cientos y miles de mensajes similares y mientras Morena intentaba cerrar filas, lo que consiguió fue evidenciar aún más la fractura entre el discurso del poder y la realidad que vive la ciudadanía.

La presidenta del PAN Tijuana resumió la sensación generalizada:

“El gobierno quiere ponerle nombre a la protesta, pero la protesta ya tiene dueño: el pueblo y el pueblo está cansado, Tijuana está cansada, harta de la extorsión, de la impunidad, de la incompetencia en seguridad y del abuso de poder que vivimos todos los días, los tijuanenses de bien.”.

Las manifestaciones del 15N dejaron claro que, más allá de la narrativa oficialista, existe un profundo descontento que ni los comunicados, ni los discursos, ni los intentos de contención pueden ocultar.

La ciudadanía habló y esta vez, habló fuerte.

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