El gobierno municipal de Tijuana por fin decidió enfrentar la corrupción en las garitas. No la erradicó, no la investigó, no sancionó a nadie, mucho mejor: la oficializó. Porque para qué combatir un negocio ilegal cuando puedes absorberlo, ponerle tarifa y cobrarlo tú mismo.
Durante años, el llamado programa para el turismo médico se prostituyó sin pudor. Los famosos “pases médicos”, pensados para pacientes estadounidenses que requieren atención de salud en Tijuana, terminaron vendiéndose como si fueran boletos de concierto. En clínicas, con doctores, en grupos de WhatsApp… y hasta en Marketplace de Facebook por 30 o 40 dólares. Todo el mundo lo sabía. Nadie hizo nada.
Si de plano ya no alcanzabas pase médico, siempre estaba el plan B: el ya legendario “cártel de la garita”. Dependiendo del humor del día y del carril, el acceso VIP costaba entre 20 y 40 dólares. Pago en efectivo, sin recibo, sin preguntas. Corrupción descarada, cotidiana y normalizada.
¿La solución del Ayuntamiento? Brillante. Crear dos paquetes oficiales. Uno “económico”, de poco más de 10 mil pesos mensuales, para cruzar por un carril especial por la garita de Otay y otro “premium”, de más de 15 mil pesos, que además te permite usar San Ysidro en horarios restringidos. Legal, institucional y con sello gubernamental.
Así, el municipio no combatió a las clínicas abusivas, ni a los revendedores, ni al cobro ilegal en la garita. Simplemente les quitó el negocio. Centralizó el control y el dinero. Si no puedes con el enemigo… úneles, adminístralo y factura.
Mientras miles de ciudadanos siguen haciendo dos o tres horas de fila diaria, la solución no es mejorar la movilidad, ni agilizar procesos, ni pensar en el bien común. La solución es simple: el que paga, pasa. La corrupción ya no es un problema… ahora es un servicio municipal.

