Si alguien tenía dudas sobre cuánto dura la memoria en la llamada “nueva justicia del pueblo”, la Suprema Corte de Justicia acaba de despejarlas: menos de cuatro meses. Ese fue el tiempo que necesitó la flamante Corte “austera” para pasar del discurso de sacrificio republicano a estrenar camionetas blindadas de lujo, nuevecitas, relucientes y, por supuesto, carísimas.
Nueve Jeep Grand Cherokee blindadas, con un costo aproximado de tres millones de pesos cada una, fueron adquiridas por la nueva Suprema Corte bajo el noble argumento de la seguridad. Porque claro, la austeridad no está peleada con el confort, ni la justicia con la piel fina y el motor potente. Total, el presupuesto alcanza: este año la Corte recibió casi seis mil millones de pesos, un aumento del 8% respecto a 2025, justo lo que tanto criticaban de la Corte anterior.
El problema no es la seguridad. Nadie sensato cuestiona que ministros y ministras deban estar protegidos en un país violento. El verdadero escándalo es la hipocresía. La misma Corte que llegó prometiendo erradicar privilegios, dispendios y excesos, hoy se sube sin pudor a camionetas de lujo mientras predica cinturones apretados al resto del país.
Hace apenas unos meses, el nuevo ministro presidente hablaba de eliminar seguros médicos, revisar pensiones y reducir salarios para “dar el ejemplo”. Se hablaba de ahorros históricos, de un cambio profundo en la forma de ejercer el poder judicial. Hoy, ese discurso se quedó estacionado… justo donde dejaron las camionetas viejas que, curiosamente, “ya no cumplían con los estándares”.
La cereza del pastel llegó desde Palacio Nacional. Cuestionada sobre el tema, la presidenta no solo evitó criticar la compra, sino que aseguró que con esta adquisición “se ahorró dinero”, gracias a que se dejó de rentar vehículos. Una maroma digna de campeonato: gastar millones para presumir ahorro.
Así, la 4T vuelve a demostrar que el problema nunca fue el lujo, sino quién lo usaba. Que los privilegios no eran malos, solo estaban mal administrados. Y que la austeridad, como tantas otras banderas, sirve mientras da votos… pero se guarda cuando llega el poder.
Porque en el México de la transformación, la justicia será ciega… pero viaja blindada, con aire acondicionado y asientos de piel.

