La llamada Cuarta Transformación atraviesa una de sus crisis más delicadas y menos reconocidas públicamente: la pérdida de confianza nacional e internacional. En los últimos meses, diversos funcionarios y exfuncionarios vinculados a Morena han visto revocadas sus visas para ingresar a Estados Unidos. Las autoridades del vecino país no explican motivos —no están obligadas a hacerlo—, pero el patrón es demasiado claro para ignorarlo: todos los casos están rodeados de señalamientos, investigaciones o sospechas relacionadas con corrupción, lavado de dinero o vínculos con el crimen organizado.
Frente a este escenario, una parte de la clase política morenista decidió aplicar una estrategia tan torpe como reveladora. En lugar de exigir transparencia, aclaraciones o deslindes internos, optaron por mandar a publicar fotografías cruzando la frontera, o en restaurantes, tiendas o lugares emblemáticos estadounidenses, como si el hecho de conservar una visa fuera hoy una medalla moral o una prueba de honestidad.
Lo que estos improvisados genios de la mercadotecnia política no parecen entender es que ese gesto no los fortalece; por el contrario, funciona como una bofetada directa a sus propios compañeros de partido. Cada foto “cruzando sin problema” subraya, sin decirlo, que hay otros que ya no pueden hacerlo y entre esos otros, la figura más incómoda es la de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, cuya situación migratoria ha sido tema constante de especulación política y mediática.
El mensaje implícito es devastador: “yo sí paso, tú no”. Una narrativa que fractura aún más a un movimiento que se vendió como compacto, ético y distinto al pasado. En su afán por salvar su imagen personal, algunos morenistas están confirmando que dentro del partido hay ciudadanos de primera y de segunda, incluso ante los ojos de un gobierno extranjero.
Lo más grave es que esta conducta revela el fondo del problema. Para la 4T, el conflicto ya no es externo, ni “los conservadores”, ni “los neoliberales”. El desgaste viene de adentro. La obsesión por aparentar normalidad frente a Estados Unidos delata miedo, desorden y ausencia de control político interno.
Hoy Morena no enfrenta una crisis de comunicación, enfrenta una crisis de credibilidad. Y mientras unos presumen que aún cruzan la frontera, el movimiento entero queda atrapado en una más profunda: la frontera entre el discurso y la realidad.

