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Luis Donaldo, el anticipo del 2030 que tiene a Morena mordiéndose las uñas

Morena creyó que el 2027 sería un trámite. Hoy, parece más bien el principio de su cuenta regresiva.

La próxima gubernatura de Sonora durará apenas tres años, una estrategia orquestado por los genios de la “planeación electoral” para alinear los comicios estatales con la elección presidencial de 2030. En papel, parecía una jugada maestra: aprovechar el arrastre de la marca Morena para seguir administrando el botín estatal sin mayores sobresaltos. Pero los tiempos cambian, las encuestas ya no obedecen y ahora en Morena deben estar lamentando su propia estrategia como  quien se pone bloqueador… de manteca en el pleno desierto de Sonora.

Porque si hay algo que no estaba en el guion de la 4T es que Luis Donaldo Colosio Riojas —sí, ese apellido que aún hace sudar a medio PRI y al otro medio lo atormenta en sueños— suene con fuerza para contender en Sonora. Movimiento Ciudadano, usualmente el eterno “ya merito”, parece tener en sus manos a un candidato que no necesita presentación, ni padrinazgos, ni pleitos por candidaturas plurinominales. Su sola mención incomoda, irrita y sobre todo, complica el juego del poder en 2027… y en 2030.

Porque seamos francos: una gubernatura de tres años no es un destino final, es una plataforma, es el arranque, un trampolín, una gira previa y si Colosio decide aceptar postularse, no será para administrar nóminas ni recortar listones en inauguraciones; será para colocarse —con fuerza y presencia— en la antesala de la silla presidencial. ¿Campaña permanente durante tres años con fuero y reflectores? Morena ya siente como le respiran en la nuca.

Mientras tanto, el partido oficialista vive su peor momento de credibilidad, gobernadores señalados por vínculos con el narco, funcionarios embarrados hasta el cuello en tramas de corrupción, investigaciones internacionales que no cesan. El “movimiento” que prometía regeneración hoy se parece más a una versión mal editada del viejo régimen, pero con peores modales y sin vergüenza alguna.

Por eso la posible llegada de Colosio Jr. a Sonora no es solo una amenaza electoral: es una advertencia simbólica, una figura fresca, con apellido histórico, discurso moderado y sin escándalos que lo arrastren. Alguien que no necesita gritar para hacerse escuchar, que puede, sin necesidad de estridencias, poner a temblar a una estructura partidista que ha confundido arrasar con gobernar.

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