Ciudad de México. — En la edición más reciente de “La Mañanera del Pueblo”, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo pintó un país que suena más a fantasía que a informe: un México listo para “mostrar al mundo su riqueza cultural” y “vivir una fiesta en las calles” con motivo del Mundial de la FIFA 2026.
Según el discurso oficial, todo marcha sobre ruedas: México coordina con FIFA “la organización más grande de su historia”, habrá Fiestas México 2026 para que “toda la población participe” y se garantiza “la estabilidad fiscal” y “la mejor coordinación con los estados”.
En este mundo alterno, el país parece tan ordenado que el mayor desafío nacional es celebrar los goles sin que falten los confetis.
Pero en el México real, el que no aparece en los boletines de Palacio Nacional, hay hospitales sin medicinas, carreteras destruidas, alcaldes asesinados y familias que huyen de la violencia.
Mientras se presume “coordinación total con FIFA”, los municipios no logran coordinar ni la recolección de basura.
Aunque el gobierno asegura que este evento “unirá al mundo”, la realidad es que ni siquiera logra unir a los mexicanos en torno a la seguridad, la justicia o la economía.
La narrativa del Mundial se presenta como una cortina de euforia para tapar los problemas que arden: un país militarizado, un sistema de salud colapsado y una población que sobrevive más que vive.
En el mundo perfecto de Morena, México es potencia cultural, modelo de paz y sede del fútbol mundial.
En el México real, la pobreza se maquilla, la violencia se normaliza y el balón solo sirve para patear los problemas hacia adelante.

