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Noroña se queda hablando solo: conferencia vacía tras sus ataques contra la alcaldesa de Uruapan

Tras llamar “fascista de ultraderecha” a Grecia Quiroz en pleno duelo, Gerardo Fernández Noroña convocó a la prensa para “explicar”… pero nadie llegó: ni medios, ni aliados, ni Morena. Su soledad se volvió el verdadero mensaje político.

CDMX.- Gerardo Fernández Noroña vivió este lunes el desplome más evidente de su capital político reciente: convocó a conferencia de prensa para “aclarar” sus ataques contra Grecia Quiroz —la alcaldesa de Uruapan y viuda de Carlos Manzo, asesinado el 1 de noviembre— pero la sala permaneció completamente vacía. No asistió un solo medio. No llegó ninguna cámara. No acudieron legisladores, ni operadores de Morena, ni compañeros de bancada.

Solo él, un micrófono encendido y una hilera de sillas vacías como público involuntario.

La convocatoria buscaba frenar el creciente rechazo social tras la agresión verbal del legislador, quien en pleno Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer decidió atacar a Quiroz llamándola “fascista de ultraderecha”, justo cuando ella exigía justicia por el asesinato de su esposo. La escena fue interpretada por millones como una falta de empatía monumental y un acto de violencia política contra una mujer que apenas asumía la alcaldía entre amenazas, luto y crisis de seguridad.

La respuesta institucional tampoco favoreció a Noroña. En el Senado ya se registran señalamientos en su contra por violencia política de género. Legisladoras que suelen responder con vehemencia guardaron silencio. La presidenta de la Mesa Directiva evadió el tema Y el partido que antes lo defendía prefirió, esta vez, la distancia calculada.

El silencio, más que cualquier posicionamiento, terminó aislando a Noroña. Porque cuando ni tu propio movimiento te respalda, el mensaje es inequívoco: te quedaste solo.

El vacío en aquella sala funcionó como símbolo y sentencia. Mientras Grecia Quiroz se mantiene firme exigiendo justicia para su esposo, Noroña batalla para justificar una agresión que en cualquier contexto sería condenable, pero que aquí ocurre con una mujer en duelo, enfrentando amenazas y cargando una ciudad golpeada por la violencia.

El legislador intentó explicar. Intentó corregir. Intentó defenderse.

Pero nadie estuvo ahí para escucharlo.

A veces, en política, no hay castigo más duro que la indiferencia.

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