Política
¿A qué le tiras, mexicana, cuando sueñas?
La decisión de Monserrat Caballero de registrarse en la carrera interna de Morena rumbo a la gubernatura de Baja California en 2027 deja una primera conclusión evidente: sabe perfectamente que sin Morena sus posibilidades reales de llegar al gobierno estatal son prácticamente inexistentes.
Los seguidores en redes sociales ayudan a construir narrativa, generan interacción y alimentan percepciones, pero las elecciones se ganan con estructuras, operadores, territorio y votos. Hoy, guste o no, la única plataforma que ofrece una ruta viable hacia la gubernatura sigue siendo Morena.
La paradoja es que Monserrat llega a este proceso después de haber tomado distancia del partido que la llevó al Congreso y posteriormente a la alcaldía de Tijuana. En el camino encontró refugio político en el Partido del Trabajo y en el grupo encabezado por Jaime Bonilla. Nada de eso es particularmente extraño en la política mexicana. Los cambios de camiseta son tan frecuentes como los discursos sobre lealtad.
Lo interesante aparece cuando alguien quiere regresar al juego principal después de haber pasado buena parte del tiempo jugando en otra cancha.
Porque una cosa es competir dentro de Morena y otra muy distinta es hacerlo estableciendo condiciones. Durante los últimos meses han circulado mensajes que parecen enviar señales contradictorias: si gana, unidad; si pierde, ya veremos. Si el candidato resulta cercano al grupo gobernante, entonces las reservas aparecen. Si no es así, el respaldo parece más sencillo.
Ahí surge la pregunta de fondo: ¿se está dentro del proyecto o solamente dentro mientras resulte conveniente?
La respuesta importa porque la elección de 2027 no será una contienda sencilla para Morena. Por primera vez en varios años el movimiento enfrenta tensiones internas visibles, grupos enfrentados y liderazgos que comienzan a medir fuerzas antes de tiempo.
El problema no es únicamente Monserrat.
Si ella no resulta favorecida, habrá que ver cuál es su posición política. Si Ismael Burgueño no logra convertirse en candidato, también quedarán preguntas sobre el comportamiento de una estructura municipal que hoy representa uno de los principales activos territoriales del partido. Si los grupos cercanos a Marina del Pilar no conservan influencia en la definición final, el conflicto interno podría profundizarse todavía más.
La realidad es que Morena parece estar entrando en una etapa donde el principal desafío ya no proviene de la oposición, sino de sus propias disputas internas.
Mientras eso ocurre, la oposición continúa observando desde la barrera. Más pendiente de los movimientos de Washington que de construir una alternativa competitiva en Baja California. Durante meses ha apostado a que los escándalos, las investigaciones y los conflictos internos hagan el trabajo que ella misma no ha podido realizar en las urnas.
Es una estrategia cómoda, pero profundamente riesgosa.
Porque incluso con todas sus divisiones, Morena sigue siendo la fuerza política dominante en el estado. Apostar únicamente al desgaste del adversario sin construir liderazgo propio suele terminar mal.
Por eso la verdadera pregunta no es como Monserrat puedo registrarse, claro que puedo. Tampoco si tenia derecho a competir, lo tiene, ella ahora el PT sigue siendo parte de la 4T.
La pregunta es si quienes buscan gobernar Baja California están construyendo un proyecto político o simplemente están calculando dónde les toca sentarse cuando termine el reparto.
Porque una cosa es querer ser gobernadora y otra muy distinta es convencer a todos los grupos de que vale la pena seguirte cuando no ganas.
Redacción ContrasteBC