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Política

Cuando la austeridad suena a Di Blasio

Redacción Contraste BC · 25 de marzo de 2026
Cuando la austeridad suena a Di Blasio

La austeridad republicana es una virtud… siempre que la practique alguien más. En el rancho del morenista Pedro Haces, según revela el reportaje de Latinus, esa máxima alcanza niveles casi artísticos: música en vivo, copas generosas, invitados selectos, un concierto privado de Di Blasio. Todo muy sobrio, claro, si uno redefine “sobriedad” como exceso bien iluminado.


El detalle incómodo no es la fiesta en sí. Nadie sensato exige que los políticos vivan a pan duro. El problema surge cuando el discurso oficial se construye sobre la supuesta superioridad moral frente a los excesos del pasado. Se prometió un cambio de régimen, una ruptura con la frivolidad del poder, una ética distinta. Lo que aparece en escenas como esta no es ruptura, es continuidad con mejor narrativa.


Pedro Haces no es un actor menor, sindicalista influyente, operador político, pieza bien conectada dentro del engranaje de poder. Su fiesta no es un evento social cualquiera; es una postal del ecosistema político que se supone venía a erradicar privilegios. Políticos, artistas, relaciones públicas en un entorno de lujo: la vieja liturgia del poder, solo que ahora envuelta en consignas de transformación.


La ironía es casi demasiado perfecta. Mientras se repite el mantra de la austeridad desde el púlpito presidencial, en los márgenes del mismo proyecto florecen celebraciones que difícilmente caben en ese molde. No es ilegal organizar una fiesta, tampoco es delito invitar a músicos de renombre, lo cuestionable es la coherencia: la distancia entre lo que se predica cada mañana y lo que se practica cada noche.


El discurso oficial ha construido una narrativa donde el pasado era sinónimo de corrupción y exceso, mientras el presente se presenta como moralmente superior, sin embargo, episodios como este erosionan esa narrativa con una eficacia brutal, no por la magnitud del evento, sino por lo que simboliza: la persistencia de una cultura política que confunde poder con privilegio, cercanía con influencia, austeridad con espectáculo retórico.


Al final, la fiesta de Haces no escandaliza por el lujo, sino por la normalidad, porque confirma que el cambio prometido convive sin demasiada tensión con las viejas prácticas, porque revela que, detrás del discurso de transformación, el poder sigue celebrándose a sí mismo como siempre: con música, copas, invitados correctos… y una conveniente amnesia ideológica.


Redacción Noticias Contraste BC

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