Gobierno
Drones, paz imaginaria y una Plaza Monumental milagrosamente inflada
El gobierno de Baja California decidió convertir un tropezón bastante visible en una proeza estadística. Tras el concierto gratuito de Carín León en la Plaza Monumental de Playas de Tijuana, la versión oficial salió a decir que hubo “más de 35 mil asistentes”, cifra que, según Protección Civil estatal, fue obtenida con drones, proyecciones por metro cuadrado y mucha fe institucional. La propia gobernadora Marina del Pilar defendió ese número en su conferencia, mientras la Secretaría de Cultura lo vendió como parte del Circuito Nacional de Festivales por la Paz, impulsado por el Gobierno federal.
El problema no es que organicen conciertos gratuitos. El problema es la manía de querer vender cada evento como si fuera la toma de la Bastilla cultural. Porque mientras el aparato oficial hablaba de una multitud épica, varios medios locales reportaron algo muy distinto: una entrada baja, espacios vacíos en la explanada, comercios decepcionados, estimaciones que no rebasaban las 10 mil personas. ZETA habló de un “fracaso” en el arranque del circuito; AFN sostuvo que la asistencia no superó las 10 mil personas; El Sol de Tijuana reportó que el estacionamiento no se llenó a su máxima capacidad.
Ahí está el verdadero espectáculo: no en el escenario, sino en la desesperación burocrática por maquillar el vacío. Si la explanada no se llenó, entonces se llena el discurso. Si las fotos muestran huecos, se responde con drones. Si la realidad estorba, se convoca a la liturgia oficial del “tejido social”. Nada más mexicano que convertir una mala convocatoria en un seminario sobre construcción de paz.
La secretaria Alma Delia Ábrego dijo que la paz no se decreta, que se construye. Tiene razón, aunque quizá convenga agregar un detalle incómodo: tampoco se construye inflando aforos ni disfrazando propaganda de política pública. La paz no aparece por arte de mariachi. Mucho menos cuando el mensaje de fondo parece ser este: aunque la gente no fue en masa, nosotros sí podemos fabricar la percepción de que fue.
Aquí no se discute a Carín León, que hizo su trabajo. Se discute la alergia oficial a admitir un fracaso. Porque en este gobierno, como en tantos otros, reconocer una mala convocatoria sería un acto de honestidad. Prefieren algo más moderno: un dron, una fórmula opaca, una mañanera sonriente, luego la vieja receta de siempre. Negar lo evidente hasta que la evidencia se canse.
Redacción Noticias Contraste BC