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La herida que no cicatriza en Sánchez Taboada
Una avenida rota donde el tiempo pasa, pero la indiferencia permanece intacta
Hay caminos que dejan de ser caminos y se convierten en advertencias. La avenida Sánchez Taboada, parte del circuito Reforma, ya no es una vía: es una grieta abierta, una cicatriz expuesta que la ciudad carga como un recordatorio incómodo de lo que se ignora.
El asfalto, que alguna vez prometió tránsito y continuidad, hoy parece haber sido reclamado por fuerzas más antiguas que la planeación urbana. Se levanta, se rompe, se hunde, la tierra habla en fracturas, el pavimento se abre como si quisiera revelar lo que hay debajo: abandono, descuido, silencio administrativo.
Más de 4 meses han pasado desde que la vialidad quedó cerrada, 4 meses en los que el tiempo no ha servido para reparar, sino para profundizar el olvido. Mientras tanto, la vida alrededor se reorganiza como puede, los conductores buscan rutas alternas como quien esquiva un obstáculo inevitable, los vecinos observan, día tras día, cómo la herida sigue ahí, sin diagnóstico, sin tratamiento, sin fecha de sanación.
Las imágenes lo dicen sin necesidad de discurso. El concreto colapsado, los tubos expuestos como venas al aire, la línea amarilla interrumpida como una promesa rota. No es solo una falla estructural, es un paisaje de abandono que se repite en cada ángulo, en cada grieta que se ensancha con el sol y el paso del tiempo.
En ese escenario, la autoridad parece habitar otra dimensión, una donde los problemas desaparecen si no se nombran, donde la urgencia se diluye entre prioridades invisibles. Dormir en laureles, dirían algunos, otros hablarían de una desconexión más profunda: la incapacidad de ver lo que no está frente a los reflectores.
¿qué destino puede esperar una avenida que no entra en el encuadre inmediato del poder? La pregunta no necesita respuesta oficial, se responde sola, en el concreto quebrado, en la espera acumulada, en la rutina alterada de quienes dependen de esa vía.
La ciudad, mientras tanto, aprende a convivir con sus propias fracturas, a rodearlas, a normalizarlas, a integrarlas en su mapa cotidiano, pero hay algo que no se acostumbra: la sensación de abandono. Esa certeza de que la infraestructura no solo se deteriora por causas naturales, sino también por decisiones o por la ausencia de ellas.
Sánchez Taboada no solo está cerrada, está suspendida en un limbo donde el tiempo no corre igual, donde cada día pesa más porque no trae soluciones, donde la espera se convierte en parte del paisaje, tan visible como las grietas, tan constante como el silencio.
Hasta cuándo seguirá así, es la pregunta que flota en el aire, sin respuesta clara, como un eco que rebota entre los cerros, entre los postes inclinados, entre los restos de un camino que alguna vez conectó puntos y hoy solo separa realidades.
La herida sigue abierta y mientras nadie la atienda, seguirá recordando que hay cosas que no se rompen de un día para otro, pero sí se abandonan lentamente.
Redacción Noticias Contraste BC