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Sheinbaum exige pruebas afuera, pero evita limpiar la podredumbre adentro

Redacción Contraste BC · 30 de abril de 2026
Sheinbaum exige pruebas afuera, pero evita limpiar la podredumbre adentro

La presidenta reaccionó al caso Rocha Moya con el reflejo más conocido del poder mexicano: poner en duda al acusador, envolver la respuesta en soberanía y cerrar filas con los suyos, pero sin mostrar el mismo entusiasmo por investigar desde casa lo que ya es una crisis política, criminal e institucional.


La mañanera de este 30 de abril dejó una escena bastante elocuente. Frente a una acusación gravísima contra el gobernador de Sinaloa, Claudia Sheinbaum eligió exigir pruebas a Estados Unidos y sugerir que el movimiento tiene un trasfondo político, pero sin colocar al frente una decisión elemental en cualquier gobierno que de verdad quiera desmarcarse de la sospecha: investigar a fondo desde México. Reuters reportó que la presidenta cuestionó la solidez de la evidencia enviada por Washington y sostuvo que la Fiscalía General de la República revisará la documentación. El problema es que una revisión burocrática no suena ni remotamente igual a una limpieza política.


El tono presidencial fue el de una defensa preventiva, no el de una jefa de Estado sacudiendo la estructura para saber hasta dónde llegó la contaminación. No anunció deslindes políticos, no planteó una revisión seria del entorno de poder en Sinaloa, no habló de consecuencias internas si se confirma el nivel del señalamiento. Prefirió refugiarse en la fórmula conocida: pedir pruebas, cuestionar las intenciones del vecino incómodo y administrar el agravio. Es una estrategia útil para la tribuna. Para la verdad, no tanto. El País reportó que Sheinbaum defendió a Rocha bajo el argumento de que, si no existen pruebas claras, entonces resulta evidente una intención política del Departamento de Justicia.


Lo más incómodo es que esta respuesta no ocurre en el vacío. Ocurre en un estado donde la violencia criminal, el control territorial y la fragilidad de la autoridad llevan tiempo exhibiendo un deterioro que nadie puede despachar con discurso patriótico. Hablar de soberanía mientras regiones enteras siguen condicionadas por el poder del narco ya no suena a firmeza. Suena a coartada. Porque la soberanía no se defiende solo en el micrófono. También se defiende limpiando el aparato público cuando hay sospechas graves sobre su contaminación.


Aquí nadie está obligado a convertir una acusación en sentencia. Eso sería igual de irresponsable. Pero tampoco se puede fingir que una imputación de este tamaño es apenas un incidente diplomático. Cuando un gobierno extranjero acusa formalmente a un gobernador en funciones por presuntos vínculos con el narco, lo mínimo exigible no es una defensa sentimental del compañero. Lo mínimo es una reacción institucional a la altura del riesgo y eso no se vio.


Lo que dejó la conferencia fue una señal preocupante: en el oficialismo sigue pesando más la protección política que la necesidad de ventilar la casa. Se pide evidencia afuera, sí. Pero no se ve hambre de verdad adentro. Y cuando el poder se preocupa más por blindar al suyo que por despejar la sospecha, el mensaje que queda no es de fortaleza. Es de miedo. Miedo a investigar, miedo a romper pactos y miedo a descubrir hasta dónde llega la mancha.


Redacción Noticias ContrasteBC

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