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Política

Tijuana: cuando el crédito es federal… pero el vacío es local

Redacción Contraste BC · 22 de marzo de 2026
Tijuana: cuando el crédito es federal… pero el vacío es local

En política hay una regla no escrita pero infalible: el éxito siempre tiene muchos padres, el fracaso se hereda al más cercano. El concierto de Carín León en Tijuana confirma que esa máxima no solo sigue viva, sino que goza de excelente salud.


Porque sí, el evento venía con sello federal. La presidenta Claudia Sheinbaum puso el nombre, el impulso, también la chequera. Pero la ejecución —ese detalle menor que separa el lucimiento del ridículo— quedó en manos del alcalde Ismael Burgueño y de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda.


El resultado fue un espectáculo técnicamente impecable, casi quirúrgico en su organización, luces, audio, escenario: todo en su lugar. Solo faltó un elemento secundario, casi decorativo… la gente.


Porque no importa cuántas veces se repita la cifra oficial, ni cuántas versiones circulen entre 3 mil y 10 mil asistentes, el vacío no se maquilla, se percibe, se siente, se convierte en ese silencio incómodo que ni el mejor sonido logra tapar.


Aquí es donde la narrativa se rompe, si el concierto era una apuesta federal por acercarse al pueblo, la operación local debía garantizar algo básico: que el pueblo apareciera, no ocurrió y entonces la pregunta deja de ser cultural para volverse política: ¿qué tan desconectado está el gobierno local de su propia ciudad?


Tijuana no es una plaza cualquiera, es una ciudad que reacciona, que castiga, que se cansa, entre tráfico caótico, decisiones cuestionadas y episodios recientes que siguen pesando, pretender que un evento masivo resolvería el desgaste suena más a ilusión que a estrategia.


Mientras tanto, en un contraste casi cruel, la directora de la CESPT, Mónica Vega Aguirre, reunió a más de 2 mil personas en una carrera. Sin reflectores federales, sin artista estelar, sin millones en producción, solo convocatoria suficiente para duplicar asistencia.


No se trata de comparar magnitudes, sino de leer señales. Un evento diseñado para el espectáculo no llenó, uno pensado como actividad comunitaria sí respondió.


El crédito político, ese botín tan codiciado, se vuelve caprichoso en estos casos. Si el concierto hubiera reventado la ciudad, las fotos habrían viajado directo a Palacio Nacional, pero con gradas a medias, la responsabilidad se queda donde siempre: en lo local.


Porque al final, el mensaje es brutalmente simple: puedes traer al artista más caro del momento, puedes montar un show impecable… pero si la gente no llega, no es problema del escenario. Es problema del gobierno.

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