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Pastel electoral con sello presidencial

Democracia interna dicen, reparto de cuotas parece.

Morena volvió a hacer lo que mejor sabe: repartir el territorio como si fuera herencia familiar. Cinco circunscripciones, cinco operadores, cinco cuotas de poder cuidadosamente balanceadas para que nadie se sienta excluido del banquete. El mensaje es claro: la estabilidad interna vale más que cualquier discurso sobre renovación democrática.

En la primera circunscripción aparece Ricardo Monreal, viejo lobo del sistema, experto en sobrevivir a tormentas políticas sin despeinarse. En la segunda, Alejandro Peña toma la estafeta en el norte industrial. La tercera queda bajo el mando de Sergio Salomón, exgobernador poblano reciclado en operador nacional. La cuarta recae en Adán Augusto, pieza clave del grupo cercano al expresidente. La quinta se reserva para Mario Delgado, dirigente con vocación de equilibrista.

El reparto no es casual. Es aritmética política pura, cada nombramiento responde a la necesidad de mantener contentas a las tribus internas. Claudia necesita gobernabilidad hacia 2027, necesita evitar fracturas que puedan convertirse en rebeliones prematuras. Nadie quiere repetir la historia de partidos que se devoran desde dentro.

El detalle interesante es el equilibrio entre el grupo presidencial actual y el bloque que responde a Palenque. No se trata de ruptura sino de coexistencia estratégica. Se preservan cotos, se respetan territorios, se asignan fichas de confianza. El objetivo es claro: blindar la mayoría legislativa sin detonar guerras internas.

En Baja California el mensaje también se siente. Tijuana, Mexicali, Ensenada forman parte de la primera circunscripción bajo el mando de Monreal. Eso significa operación política con sello pragmático, negociación dura, disciplina vertical. La narrativa oficial hablará de organización territorial, la realidad apunta a control quirúrgico del aparato electoral.

Morena no improvisa. Planifica, coloca piezas donde pueden rendir más, donde conocen las estructuras, donde dominan los acuerdos en lo oscurito. La presidenta busca estabilidad sin sacrificar poder. El pastel está servido, las rebanadas tienen nombre propio.

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