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Reconocimientos que a veces premian el cargo, no el mérito

Reconocer el trabajo de las mujeres siempre será una causa justa. El esfuerzo, la dedicación y la capacidad para abrirse paso en espacios históricamente dominados por hombres merece visibilidad, respeto y celebración pública. Cuando ese reconocimiento se otorga a mujeres que realmente han transformado su entorno, impulsado proyectos innovadores o construido trayectorias ejemplares, el aplauso es más que merecido. El problema aparece cuando en esas mismas listas comienzan a figurar funcionarias cuya principal hazaña parece haber sido llegar al cargo.

El 17º Foro Mujer Actual, realizado bajo el título “Frontera Única”, entregó 50 reconocimientos a mujeres empresarias y líderes de la región. El evento, organizado por la revista Mujer Actual, busca visibilizar historias de éxito y destacar el impacto de mujeres en distintos sectores profesionales. Nadie discute la relevancia de abrir espacios para reconocer liderazgos femeninos. Sin embargo, como suele ocurrir en este tipo de ceremonias, la línea entre reconocimiento auténtico y promoción institucional termina volviéndose bastante difusa.

Entre las mujeres reconocidas aparecen perfiles con trayectorias claras en el ámbito empresarial o académico. Pero también figuran funcionarias públicas cuya presencia en la lista genera preguntas inevitables. Tal es el caso de Mónica Vega, directora de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana y de la propia síndica procuradora Teresita Balderas, quien además inauguró el evento y participó en la entrega de los reconocimientos.

Aquí surge la duda incómoda, ¿Cuál fue exactamente el logro extraordinario que justifica el reconocimiento público a estas funcionarias en este momento? Más allá de ocupar un cargo relevante dentro del aparato gubernamental, resulta difícil identificar acciones concretas o resultados sobresalientes que expliquen su inclusión en una lista destinada a destacar liderazgo y transformación social.

El problema no es reconocer mujeres en la política, al contrario, el problema aparece cuando el reconocimiento se vuelve automático para quien ocupa un cargo público, como si el simple hecho de estar en la nómina gubernamental bastara para convertirse en referente de liderazgo.

Porque el liderazgo verdadero no se mide por el puesto que se ocupa, se mide por lo que se hace con él.

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