En días recientes, diversas ciudades de México volvieron a aparecer en titulares por ataques, bloqueos, incendios de vehículos y actos de vandalismo que incluso desde Estados Unidos fueron catalogados como terrorismo. Las imágenes circularon a nivel internacional y las alertas preventivas se activaron en distintos puntos del país ante el temor de que la violencia se extendiera.
Sin embargo, no todas las ciudades compartieron ese escenario.
En medio de la incertidumbre nacional, Playas de Rosarito marcó un contraste claro. Mientras en otras regiones se desplegaban operativos y se encendían focos rojos, en este municipio costero no se registró un solo incidente relacionado con los hechos violentos. No hubo vandalismo, no hubo bloqueos, no hubo alertas extraordinarias. La ciudad se mantuvo en calma.
El turismo continuó con normalidad. Familias caminaron por la playa, restaurantes mantuvieron sus terrazas llenas y visitantes recorrieron espacios emblemáticos como el Muelle de Rosarito y el Museo Wa-Kuatay. La actividad económica no se detuvo y la dinámica cotidiana siguió su curso sin sobresaltos.
En un contexto donde el crimen organizado demuestra capacidad de intimidación en distintos puntos del país, Rosarito proyectó un mensaje distinto: estabilidad. Aquí no hubo demostraciones de fuerza criminal ni intentos por alterar la paz pública. La percepción ciudadana fue clara: tranquilidad.
Este contraste no es menor. En tiempos donde la violencia suele expandirse por efecto dominó, mantener el orden habla de coordinación, prevención y presencia institucional. Pero también refleja una comunidad que no cedió al miedo ni a la narrativa de crisis.
Rosarito no apareció en listas de riesgo. No generó advertencias consulares. No fue escenario de confrontaciones. Fue, simplemente, un municipio funcionando con normalidad mientras otros lidiaban con el caos.
En medio del ruido nacional, Rosarito se convirtió en excepción y hoy, más que nunca, confirma que es un destino que no solo ofrece playa, gastronomía y cultura, sino también algo que escasea en muchos lugares: paz.

