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Rosarito renace: turismo evoluciona hacia experiencias seguras, familiares y de mayor calidad, una nueva etapa para BC

Lejos de morir, Rosarito vive una transición natural: cambia el turismo de excesos por un modelo más sustentable, ordenado y atractivo para familias, foodies, amantes del bienestar y visitantes que buscan experiencias auténticas frente al mar.

Baja California.- Durante décadas, Rosarito Beach fue sinónimo de fiestas multitudinarias, noches interminables y turismo exprés fronterizo. Sin embargo, los tiempos han cambiado —y la ciudad también, lo que algunos interpretan como un “declive”, para residentes, empresarios, hoteleros y visitantes frecuentes representa una transformación profunda y positiva, donde el destino está dejando atrás una imagen de turismo descontrolado para abrir paso a un modelo más equilibrado, seguro y diversificado.

Hoy, Rosarito atrae a un visitante distinto: familias que buscan playa tranquila, parejas que viajan por gastronomía, amantes del surf, jubilados estadounidenses que se establecen estratégicamente por la calidad de vida y jóvenes que prefieren estancias en hoteles boutique, spas, experiencias wellness y restaurantes de autor.

Una ciudad que evoluciona, no que se apaga

Aunque algunas zonas fiesteras ya no tienen el mismo bullicio de antaño, los sectores turísticos afirman que esto es parte del proceso. En lugar de depender exclusivamente del turismo nocturno —volátil y difícil de sostener— Rosarito está consolidando actividades estables y de largo plazo: gastronomía en auge, renta de propiedades frente al mar, surf, actividades culturales, rutas de vino, eventos deportivos, festivales familiares, arte y renovación hotelera.

El icónico Rosarito Beach Hotel, patrimonio histórico y corazón de la ciudad, atraviesa justamente por esta etapa de renovación: combina sus salones y arquitectura catalogados por la UNESCO como patrimonio de la humanidad, albercas renovadas, amenidades modernas y un creciente flujo de visitantes que eligen el hotel por su valor cultural, su historia y su ubicación privilegiada frente al mar. Las inversiones continúan y las reservaciones mantienen ritmo estable durante todo el año.

Los visitantes regresan por nuevas razones

Si bien el turismo masivo de fiesta disminuyó —una tendencia global desde la pospandemia— otros indicadores mejoran:

Mayor ocupación de renta vacacional frente al mar.

Crecimiento de restaurantes, cafés, cervecerías artesanales y conceptos gastronómicos nuevos.

Mayor presencia de viajeros de larga estancia y nómadas digitales.

Incremento de inversiones inmobiliarias por ciudadanos estadounidenses y canadienses.

Eventos culturales y deportivos con alta afluencia, especialmente en verano.

Además, los fines de semana de temporada alta siguen generando playas con gran afluencia, filas en restaurantes y ocupaciones hoteleras arriba del 80%.

Un destino más seguro, más ordenado y con visión de futuro

El fortalecimiento de la seguridad turística, nuevas regulaciones para establecimientos nocturnos, mejoras urbanas y un enfoque gubernamental hacia el turismo familiar han permitido que Rosarito recupere confianza y proyecte un crecimiento más estable.

Lejos de “morir”, Rosarito está madurando y abriendo una nueva etapa que privilegia el bienestar, la convivencia y la calidad sobre la saturación. No pierde esencia: la playa sigue ahí, la comida sigue ahí, la calidez de su gente sigue ahí. Lo que cambia es la forma en que el destino se proyecta hacia el futuro.

Rosarito no se desvanece: se está reinventando, dejando atrás un modelo antiguo y construyendo uno más prometedor, sostenible y alineado con el turismo moderno que busca experiencias auténticas frente al mar.

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