¿Será? Refuerzan inteligencia tras la caída de “El Mencho”

El control no se presume en conferencias ni se mide en boletines. Se demuestra cuando la violencia no irrumpe como recordatorio periódico de quién manda en las calles.

¿Será? Porque cada vez que el crimen organizado sacude al país, el guion oficial se activa con puntualidad admirable: reuniones urgentes, despliegues estratégicos, mesas permanentes, promesas de inteligencia reforzada, esta vez no fue distinto en Baja California.

Tras los hechos violentos derivados de la captura de Nemesio Oseguera, la administración estatal anunció un reforzamiento operativo en puntos detectados como focos rojos, por su parte el secretario de Seguridad Ciudadana, Laureano Carrillo Rodríguez, explicó que hubo análisis exhaustivo para ubicar zonas con mayor actividad criminal, se identificaron límites de El Hongo en Tecate, Valle de las Palmas, sectores de Tijuana, además de San Quintín, Ensenada y Valle de Guadalupe.

La narrativa suena técnica, casi quirúrgica, inteligencia, estrategia, líderes delictivos en la mira, el problema es que esos mismos puntos llevan años en la lista de pendientes. Resulta difícil aplaudir un “reforzamiento” cuando la violencia exhibe que la presencia criminal no es nueva sino persistente.

La gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda aseguró que se mantuvo el control territorial. También informó que la mesa de seguridad quedó instalada de forma permanente desde el domingo. Elementos en descanso regresaron a servicio. No hubo personas lesionadas, según el reporte oficial, aunque sí daños materiales.

El balance presentado por la fiscal general María Elena Andrade Ramírez habló de 31 incidentes en el estado: 15 en Tijuana, 6 en Mexicali, 4 en Tecate, además de afectaciones en San Quintín, Ensenada, Rosarito, 12 comercios dañados, 19 vehículos vandalizados o incendiados. Cifras frías que para el gobierno representan control, para los ciudadanos representan miedo.

Se presume que Baja California fue de las entidades con más detenciones tras los disturbios. La pregunta incómoda es otra: ¿cuántos de esos detenidos son piezas relevantes del engranaje criminal, cuántos terminarán liberados por fallas procesales?

Reforzar inteligencia después de que el fuego ya encendió no es estrategia preventiva, es reacción. En un estado que vive bajo tensión constante, la ciudadanía merece algo más que comunicados optimistas.

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