Mientras en Palacio Nacional la Presidenta Claudia Sheinbaum acusaba al PAN de “desinformar” sobre la nueva Ley de Aguas y aseguraba que la reforma “no quita concesiones” ni “afecta al campo”, la realidad ardía en las garitas y carreteras de Baja California. A cientos de kilómetros del discurso oficial, los agricultores del Valle de Mexicali bloqueaban por completo la garita comercial de exportación, denunciando que la ley no solo los vulnera, sino que pone en riesgo la viabilidad alimentaria del país.
Desde la 1:00 de la tarde, los productores atravesaron tractores y camionetas para impedir el cruce hacia Estados Unidos. Camiones varados, filas interminables y un mensaje contundente: “No nos vamos a mover hasta que nos escuchen”. Lo que Sheinbaum llama “malentendidos”, el campo lo vive como amenaza directa a su derecho al agua y a su capacidad de producir alimentos en un país que ya enfrenta inflación, sequías y abandono rural.
En el plantón, líderes agrícolas como Horacio Gómez Carranza lo dijeron sin rodeos: “La reforma que quieren aprobar afecta a todo México. El gobierno quiere decidir cuándo sí y cuándo no tenemos agua. Eso no garantiza nada”. Los productores ven en la iniciativa un riesgo enorme: sanciones más duras, restricciones ambiguas y nuevas facultades al Gobierno Federal que, según ellos, permitirán condicionar la entrega de agua según “disponibilidad”, un término que abre la puerta a decisiones arbitrarias y centralizadas.
Mientras tanto, Arturo Beltrán, del sistema producto trigo, señaló que la reforma incluso criminalizaría prácticas básicas como almacenar agua para ganado o temporal. “No se respetaron los acuerdos de Ciudad de México”, denunció. Y aunque autoridades estatales acudieron al lugar, la postura del campo fue firme: la reforma debe detenerse.
La brecha entre el discurso de la mañanera y el enojo en las carreteras es cada vez más evidente. Mientras en la capital se habla de “ordenamiento” y “modernización”, en Mexicali se habla de sobrevivencia. Y ante cada protesta, el gobierno insiste en culpar a opositores, como si miles de productores rurales fueran títeres. Pero el campo no marcha por partidos: marcha por agua, y sin agua no hay cosechas, no hay comida y no hay país.
Hoy la garita sigue cerrada, el conflicto se agrava y los agricultores advierten que esto apenas comienza. El gobierno dice que todo está claro. El campo le responde que no.

