En la narrativa oficial, México vive una transformación histórica en materia de salud. Durante la Mañanera del Pueblo del 2 de diciembre, la presidenta Claudia Sheinbaum presumió que el programa Salud Casa por Casa ha realizado 8.8 millones de consultas y que, a partir de este mes, las recetas podrán surtirse gratuitamente en las Farmacias del Bienestar. Según su versión, casi 13 millones de adultos mayores ya reciben visitas médicas, y para el año 2026 todo el país contará con este modelo.
Sin embargo, al otro lado del discurso está la realidad que viven diariamente millones de mexicanos: la falta crónica de medicamentos, cirugías postergadas por años, hospitales sin especialistas, clínicas sin equipos y trabajadores denunciando condiciones precarizadas. Mientras desde Palacio Nacional se insiste en que “el abasto está garantizado”, las quejas por recetas no surtidas siguen multiplicándose en cada estado.
El gobierno también anunció una expansión del programa Trato Digno, asegurando que hay nuevos Centros de Atención y módulos renovados, e incluso prometió descuentos en SuperISSSTE. Pero estas cifras chocan directamente con los testimonios de pacientes y personal médico que reportan que el IMSS-Bienestar opera con déficit de personal, largas filas, esperas de madrugada y hasta pisos sin operatividad por falta de médicos o insumos.
A pesar del optimismo, lo que se vive en los hospitales habla de otra historia: madres buscando medicamentos oncológicos de madrugada, adultos mayores esperando meses para estudios básicos y familias enteras viajando a otros estados para conseguir una consulta que el sistema local no puede ofrecerles.
El mensaje presidencial también incluyó críticas directas a empresarios y opositores, asegurando que la justicia fiscal no debe politizarse y que “la derecha defiende intereses y privilegios”. Incluso se habló de una “guerra sucia digital” y de “bots financiados desde el extranjero”, intentando diluir las crecientes críticas al desempeño gubernamental en redes sociales.
Lo que no se mencionó en la Mañanera fue el deterioro profundo del sistema de salud real: quirófanos cerrados, listas de espera interminables y estados enteros dependiendo de colectas, rifas y donaciones para conseguir medicinas básicas. Tampoco se habló de los miles de pacientes que, ante la falta de atención oportuna, terminaron desplazándose al sector privado, endeudándose o, en el peor de los casos, renunciando a su tratamiento.
La narrativa oficial presume hospitales nuevos; la ciudadanía cuenta hospitales llenos.
La narrativa presume abasto total; el país sigue buscando medicamentos.
La narrativa presume dignidad; los pacientes siguen esperando dignidad.
Mientras el gobierno asegura que “la salud llega y se queda”, millones sienten que lo único que no se queda… es la realidad que describen desde Palacio.

