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Tijuana: el abandono del deporte y el costo social de la indiferencia

Cada cancha abandonada es una oportunidad perdida para alejar a un joven de las calles. El deporte no es un lujo, es prevención.

Tijuana, B.C. — Cada deportista en la cancha, cada corredor en la pista y cada niño practicando una disciplina representan una victoria silenciosa contra la violencia, las adicciones y el abandono social. Pero en Tijuana, esa inversión preventiva parece haber sido olvidada.

Mientras la inseguridad crece y los espacios públicos se deterioran, las unidades deportivas del municipio se hunden en el abandono. De acuerdo con información del XXV Ayuntamiento, Tijuana cuenta con 24 unidades deportivas, pero 18 de ellas se encuentran en predios propiedad del Gobierno del Estado, sin que se hayan renovado los contratos de comodato.

Esta omisión, que podría parecer un simple trámite administrativo, tiene consecuencias graves: sin certeza jurídica sobre los inmuebles, el municipio no puede acceder a recursos federales para su rehabilitación ni mantenimiento. En otras palabras, los deportistas, entrenadores y familias quedan atrapados entre la burocracia y la indiferencia política.

“El deporte es una inversión, no un gasto”, recordaron representantes de asociaciones deportivas locales. “Cada niño que entrena es una persona menos en la calle, una vida más enfocada en valores, disciplina y salud. Pero las canchas vacías también hablan: hablan del abandono institucional”.

En 2022, el Cabildo de Tijuana aprobó un punto de acuerdo para renovar los comodatos con el Gobierno del Estado, con el objetivo de recuperar la operatividad legal de los espacios deportivos. Sin embargo, hasta la fecha el avance ha sido nulo, y las canchas siguen deteriorándose sin mantenimiento ni recursos asignados.

La situación refleja lo que muchos consideran una falta de visión en la administración pública municipal, donde las prioridades parecen centrarse en proyectos de imagen y eventos masivos, mientras los programas comunitarios y deportivos pierden terreno.

“El Ayuntamiento debe entender que invertir en el deporte no es un lujo, es una política de prevención. Un niño que entrena no roba, no consume y no mata. Un adulto que hace ejercicio es menos propenso a la enfermedad y más útil a su comunidad”, señaló un entrenador de la Unidad Deportiva Tijuana.

A falta de voluntad política, la ciudad pierde una herramienta clave para reconstruir su tejido social. Los campos, canchas y albercas que antes eran centros de convivencia hoy se llenan de hierba, basura y silencio.

Porque, como bien dicen los propios deportistas: el deporte no es gasto, es futuro y el futuro de Tijuana no puede seguir en la banca.

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