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Política

¿Así quiere ser gobernador?

Redacción Contraste BC · 1 de junio de 2026
¿Así quiere ser gobernador?

Ismael Burgueño enfrenta un dilema que, en cualquier político con aspiraciones mayores, sería legítimo: quiere ser gobernador de Baja California. No hay nada reprochable en ello, la política también se construye sobre ambiciones. El problema aparece cuando la siguiente escalera se quiere subir sin haber terminado de construir la anterior.


Después de más de un año al frente del Ayuntamiento de Tijuana, el más grande del país por cierto, Burgueño sigue sin consolidar un equipo estable. Los cambios dentro de su gabinete continúan, las salidas inesperadas se acumulan y las posiciones estratégicas permanecen sujetas a rumores, ajustes y reacomodos permanentes. Un gobierno puede equivocarse, pero no puede ni debe de transmitir la sensación de que sigue buscando rumbo después de tanto tiempo.


La salida del exsecretario de Gobierno volvió a exhibir la fragilidad interna de la administración municipal. Más allá de los señalamientos que enfrentó, tenía una característica poco común para quien ocupa esa posición: mantenía un perfil discreto, no buscaba reflectores, no competía políticamente con el alcalde y tampoco protagonizaba conflictos públicos. Sobre todo, hacía algo indispensable para cualquier gobierno municipal: operaba.


Los asuntos transitaban por Cabildo sin sobresaltos mayores, existía interlocución con distintos actores políticos, control institucional y gobernabilidad. Hoy la vacante sigue abierta, han pasado varios días sin una definición clara y mientras tanto crecen las especulaciones sobre quién ocupará una de las posiciones más importantes del Ayuntamiento. Incluso circulan versiones sobre posibles movimientos políticos más amplios en caso de una eventual licencia del presidente municipal.


Ahí aparece la pregunta incómoda, no importa tanto si Burgueño se queda o se va, sino qué deja. Porque los ciudadanos no evalúan un gobierno por la cantidad de boletines emitidos ni por el número de eventos encabezados. Lo evalúan a partir de su vida cotidiana: las horas atrapados en el tráfico, la inseguridad en sus colonias, los homicidios que siguen apareciendo todos los días, las denuncias de extorsión y cobro de piso que cada vez se escuchan con mayor frecuencia y la sensación de desorden que persiste en buena parte de la ciudad.


Sí, se instalaron luminarias, hubo campañas de limpieza y se anunciaron nuevas rutas en la recolección de basura. Pero ninguna de esas acciones ha logrado modificar los problemas estructurales que más afectan la calidad de vida de los tijuanenses. Tijuana sigue siendo una ciudad donde miles de personas pierden horas diarias en la movilidad urbana, donde la violencia continúa marcando la agenda pública y donde la percepción de inseguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones de sus habitantes.


A ello se suma una paradoja política difícil de ignorar. Uno de los programas más promocionados por la administración municipal ha sido el relacionado con servicios de salud. Puede beneficiar a muchas personas, nadie lo discute, sin embargo, la atención médica ni siquiera forma parte de las responsabilidades centrales de un ayuntamiento. El mensaje político es inevitable: para justificar ese esfuerzo, implícitamente se reconoce que otros niveles de gobierno no están resolviendo adecuadamente esa tarea.


Mientras tanto, los problemas que sí corresponden directamente al municipio siguen esperando resultados de fondo. Por eso la pregunta vuelve a aparecer: si después de más de un año Tijuana sigue sin un equipo consolidado, sin estabilidad política interna y sin avances contundentes en movilidad o seguridad, ¿sobre qué base puede construirse una candidatura al Gobierno del Estado?


Gobernar Baja California exige mucho más que presencia mediática, eventos públicos o posicionamiento político. Primero hay que demostrar que se puede gobernar Tijuana.


Redacción ContrasteBC

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