Gobierno
CESPT: 30 obras, mil anuncios, la misma sed de siempre
La CESPT volvió a hacer lo que mejor sabe hacer la burocracia hidráulica: anunciar obras como si anunciar fuera lo mismo que resolver. Treinta proyectos en Tijuana y Playas de Rosarito durante 2026, ampliación de redes, rehabilitación de infraestructura, colonias prioritarias, recursos de CONAGUA, dinero estatal, financiamiento verde, discurso técnico bien peinado. Todo suena impecable en el papel. El problema aparece cuando uno raspa tantito la pintura institucional: hay lista de colonias, hay promesa general, hay foto de intención, pero faltan los datos que convierten la propaganda en algo verificable.
La directora Mónica Vega Aguirre dice que el objetivo es llevar agua a más viviendas, además de mejorar la operación del sistema en zonas donde ya existe cobertura. Muy bien. Eso se supone que hace un organismo operador de agua, no una agencia de milagros. El detalle incómodo está en lo que no dijeron: no se precisó el monto total por proyecto, no se detalló cuánta gente será beneficiada en cada obra, no se explicaron calendarios puntuales de conclusión, tampoco metas específicas por colonia. Traducido al lenguaje de la calle: quieren aplauso por adelantado, pero sin entregar la ficha técnica completa.
La jugada es vieja. Se presenta una cifra grande —30 obras— para producir sensación de movimiento. Se nombran colonias como Villas del Prado, Tomás Aquino, Valle Imperial, Maclovio Rojas o Fraternidad Cueros de Venado para dar apariencia de aterrizaje territorial. Se invoca el crecimiento urbano, el rezago histórico, la necesidad de fortalecer el sistema. Todo eso puede ser cierto. Lo que no queda claro es cuánto de ese paquete corresponde a mejoras sustanciales, cuánto es mantenimiento disfrazado de gran transformación, cuánto terminará en avances reales medibles por la gente que abre la llave.
Porque en Baja California el ciudadano ya conoce la rutina. Le prometen infraestructura estratégica, le hablan de continuidad del servicio, le venden la idea de modernización, luego sigue almacenando agua en tambos por si acaso. Esa es la distancia brutal entre el boletín oficial y la experiencia doméstica: en el comunicado hay planeación; en la casa hay incertidumbre.
Nadie discute que ampliar redes, rehabilitar acueductos, reforzar tanques de almacenamiento sea necesario. Claro que lo es. Lo ridículo sería celebrar esas obras como hazaña épica mientras se omite la información básica para fiscalizarlas. Un proyecto público sin cifras claras ni metas concretas no es transparencia: es fe institucional con tubería.
La CESPT pide confianza. La ciudadanía, con justa razón, debería pedir algo más simple, más serio, más incómodo para el gobierno: fechas, montos, beneficiarios, avances físicos, resultados visibles. Porque de anuncios ya estamos abastecidos. De agua constante, todavía no tanto.
Redacción Noticias ContrasteBC