Gobierno
CESPT juega al certamen mientras Tijuana sigue contando tandeos
Desde cuándo una paraestatal creada para algo tan básico como garantizar agua empezó a comportarse como promotora de concursos escolares. Esa es la pregunta incómoda que deja “Voces por el Agua 2026”, el certamen de oratoria impulsado por la CESPT junto con la Secretaría de Educación. La escena puede sonar tierna, incluso pedagógica: adolescentes hablando de escasez, reúso, huella hídrica, drenaje, corresponsabilidad social. Todo muy formativo, todo muy correcto, todo también bastante revelador de una dirección que parece más interesada en la escenografía que en la tubería.
Porque nadie discute que educar sobre el cuidado del agua sea útil. Claro que lo es, lo absurdo aparece cuando el organismo encargado de asegurar el servicio en Tijuana actúa como si su problema principal fuera la falta de concursos, no la falta de agua constante, la infraestructura rebasada, las fugas, los rezagos, las colonias que viven entre la incertidumbre hidráulica además de la resignación doméstica. En otras palabras: la CESPT organiza discursos sobre el agua mientras miles de familias siguen esperando algo más revolucionario que un micrófono, agua en la llave.
Mónica Vega quiere proyectar sensibilidad social, cercanía con jóvenes, conciencia ambiental, participación ciudadana. Muy bonito para la foto, muy funcional para construir perfil público. Pero dirigir una paraestatal no es administrar eventos con causa. Es resolver, es operar, es garantizar, es priorizar. Cuando la cabeza del organismo aparece más cómoda en actividades de imagen que en resultados contundentes del servicio, la sospecha se vuelve legítima: tal vez la prioridad ya no es el agua, sino la plataforma.
Ahí está el fondo del asunto. Este tipo de eventos sirven para vestir de responsabilidad cívica una gestión que debería ser evaluada con otros criterios mucho menos amables: continuidad del servicio, inversión útil, respuesta a fallas, calidad de infraestructura, transparencia, cobertura real. Pero esas variables no lucen tan bien en un escenario del Cecut. No generan la misma ternura que ver estudiantes hablando con pasión del recurso hídrico mientras la institución que los convoca sigue sin convencer a la ciudad de que tiene bajo control su tarea central.
Involucrar a estudiantes, sí, perfecto. Nadie se opone a eso, lo que sí merece crítica es que la CESPT parezca encontrar tiempo, energía, logística además de reflectores para montar concursos, mientras la ciudadanía sigue evaluando su desempeño con un criterio brutalmente sencillo: si sale agua o no sale.
En Tijuana ya conocemos esta fórmula. Cuando el gobierno no puede presumir eficacia plena, organiza conciencia. Cuando no alcanza con resultados, monta narrativa, el problema es que la oratoria no llena tinacos, tampoco sustituye una gestión enfocada y una paraestatal del agua debería entender una verdad bastante elemental: antes que inspirar discursos, le toca evitar que la ciudad viva de cubetas.
Redacción Noticias ContrasteBC