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Martes sangriento: la ciudad se desangra, la autoridad procesa escenas

Redacción Contraste BC · 31 de marzo de 2026
Martes sangriento: la ciudad se desangra, la autoridad procesa escenas

Tijuana volvió a hacer lo que mejor conoce cuando el Estado se ausenta: contar muertos por horario. Antes de la una de la tarde ya habían ejecutado a un hombre dentro de un Mercedes Benz negro en la colonia Lagunitas, a plena luz del día, cerca de un mercado sobre ruedas, como para dejar claro que en esta normalidad podrida matar ya no exige discreción. Horas después, en la Osuna Millán, otro hombre cayó a balazos sobre una calle de terracería. Más tarde, en la Sánchez Taboada, dos hombres fueron atacados a tiros; uno quedó dentro de una camioneta Toyota Rav4 incrustada contra un domicilio, el otro terminó muerto dentro de la vivienda. Cuatro víctimas en un solo martes. Una jornada más en esta administración del espanto.


El libreto tampoco cambia. Llegan policías, acordonan el área, aparecen peritos, la Fiscalía inicia investigaciones, los paramédicos confirman que ya no hay signos vitales, luego se repite la frase que funciona como epitafio burocrático: “hasta el momento no se reportan personas detenidas”. Es decir, el crimen actúa con puntualidad, con eficacia, con movilidad. La autoridad, en cambio, llega después a tomar notas, levantar casquillos, organizar el fracaso.


En la Sánchez Taboada los responsables, según testigos, eran dos hombres vestidos de oscuro con mochila. En la Osuna Millán huyeron en un vehículo gris. En Lagunitas se habla de disparos de arma larga y corta. Parece parte de una rutina industrial: movilidad, coordinación, impunidad. La ciudad no presencia hechos aislados; presencia la consolidación de una costumbre. Tijuana ya no vive entre sobresaltos, vive administrada por ellos.


Como remate del día, en Mexicali una abuela encontró sin vida a su nieta dentro de su casa, luego de varios días sin saber de ella. Afuera, amarrado a un poste, el perro de la víctima esperaba. Esa imagen vale más que cien comunicados oficiales: abandono, silencio, desamparo. El animal seguía ahí. El Estado, quién sabe.


Luego vendrán los discursos sobre estrategia, coordinación, inteligencia, fortalecimiento institucional, mesas de seguridad, seguimiento puntual. Toda esa prosa de oficina que intenta maquillar con tecnicismos lo que la calle ya entendió perfectamente: aquí se mata con facilidad insultante, se investiga con parsimonia ceremonial, se gobierna con reflejos de notario. El martes no fue “rojo”. Fue sangriento. Lo realmente escandaloso no es solo la violencia, sino la obscena costumbre de las autoridades de tratar cada cadáver como si fuera un trámite más en la agenda del colapso.


Redacción Noticias ContrasteBC

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