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Operativos permanentes, caos también permanente
El Ayuntamiento de Tijuana asegura que, a través de la Secretaría de Movilidad, mantiene operativos permanentes en puntos estratégicos para agilizar el flujo vehicular. Dicho así, parece que la ciudad ya entró por fin en una era de orden, eficiencia, civilidad vial, armonía entre automovilistas, peatones, glorietas, bulevares. Lástima que Tijuana tenga la mala costumbre de contradecir los comunicados oficiales apenas uno pisa la calle.
Porque esa es la tragedia del boletín institucional: describe una ciudad que no existe, habla de agentes regulando el tránsito, apoyando peatones, orientando conductores, atendiendo incidentes, contribuyendo a una circulación más segura. Uno lee eso casi conmovido, como si en cualquier momento fueran a entregar un premio internacional por movilidad ejemplar. Luego viene la realidad con su brutal falta de modales: intersecciones saturadas, vueltas imposibles, embotellamientos eternos, conductores haciendo del reglamento una sugerencia decorativa, además una autoridad vial que muchas veces aparece más para reaccionar al desastre que para prevenirlo.
La palabra favorita del gobierno es “presencia”. Siempre hay presencia, presencia en glorietas, presencia en bulevares, presencia en zonas de alta afluencia. Lo que no siempre hay es resultado, porque estar parado en un crucero no equivale automáticamente a poner orden. Mucho menos en una ciudad donde la movilidad parece diseñada por la venganza, ejecutada por la improvisación, tolerada por funcionarios que descubren el problema cada lunes como si acabara de nacer.
El llamado a conducir con responsabilidad también tiene su ironía. Claro que la ciudadanía debe respetar el reglamento, claro que hace falta prudencia, claro que el conductor salvaje abunda, pero el gobierno no puede seguir recargando toda la culpa en la gente mientras presume operativos como si fueran hazañas de ingeniería urbana. La autoridad también tiene obligaciones: planear, sincronizar, corregir, sancionar, anticipar. No basta con mandar personal a “puntos estratégicos” si la estrategia general sigue pareciendo una ocurrencia con chaleco reflejante.
En Tijuana ya sabemos cómo funciona esta narrativa. Cuando el caos rebasa, se publica un mensaje, cuando la circulación colapsa, se habla de operativos permanentes, cuando nadie percibe mejora alguna, se lanza un hashtag optimista, como si la congestión cediera por obediencia digital.
#TijuanaResponsabilidadDeTodos. qué conveniente, la responsabilidad, al parecer, siempre es de todos cuando el gobierno quiere repartir culpas. Para repartir resultados, en cambio, ahí sí la circulación se vuelve mucho más lenta.
La ciudad no necesita más comunicados sobre presencia operativa. Necesita algo bastante menos vistoso, bastante más difícil: una autoridad que deje de administrar el tráfico con propaganda.
Redacción Noticias ContrasteBC