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Piden votos para la postal mientras Baja California sigue cargando sus pendientes

Redacción Contraste BC · 18 de abril de 2026
Piden votos para la postal mientras Baja California sigue cargando sus pendientes

a Secretaría de Turismo de Baja California impulsa una campaña para que la ciudadanía vote por el estado en el certamen “Lo Mejor de México”, una estrategia que busca reforzar su imagen como destino atractivo en categorías ligadas a gastronomía, naturaleza y experiencias turísticas. El problema no está en promover las virtudes reales de la entidad, sino en usar esa vitrina como si bastara para disfrazar rezagos, desorden y problemas que siguen marcando la vida diaria de miles de bajacalifornianos.


La Secretaría de Turismo de Baja California volvió a activar la maquinaria de la promoción, esta vez para pedir votos en “Lo Mejor de México”, como si juntar clics pudiera sustituir lo que todavía no se resuelve en la realidad. El secretario Miguel Ángel Badiola Montaño llama a respaldar al estado en cinco categorías, con el entusiasmo de quien quiere sostener una imagen ganadora, aunque abajo del folleto sigan acumulándose los mismos pendientes de siempre.


La maniobra no tiene mucho misterio. Se trata de fortalecer la percepción de que Baja California vive un momento admirable, competitivo y en ascenso, un lugar digno de reconocimiento nacional por su cocina, sus paisajes, sus rutas y sus experiencias. Todo eso puede sonar impecable en una estrategia de posicionamiento turístico. El problema aparece cuando esa narrativa comienza a operar como maquillaje institucional y no como simple promoción de los atributos reales del estado.


Porque una cosa sí debe decirse con claridad: Baja California tiene con qué presumirse. Tiene gastronomía fuerte, paisajes valiosos, corredores turísticos potentes y sitios que realmente destacan por su belleza, su vocación y su identidad. Nadie serio discute eso. Lo que sí merece discusión es la manera en que el gobierno toma esas fortalezas, muchas de ellas construidas durante años por la iniciativa privada, por las comunidades y por la propia naturaleza, para luego presentarlas como si fueran resultado directo de su eficacia administrativa.


Ahí es donde la postal empieza a volverse conveniente. Tecate, el Valle de Guadalupe, Bahía de los Ángeles y la carretera escénica Tijuana-Ensenada aparecen como vitrinas del orgullo estatal, como piezas listas para la exhibición, como símbolos de un Baja California que luce extraordinario hacia afuera. Mientras tanto, hacia adentro, la vida cotidiana conserva otra textura: servicios públicos rebasados, inseguridad persistente, colonias olvidadas, movilidad deficiente, infraestructura parchada y un desorden urbano que no entra en ninguna premiación turística.


Ese es el punto incómodo que la campaña no menciona. No hay una categoría para el ciudadano que pasa horas en traslados. No hay medalla para la colonia que sigue esperando pavimentación digna. No hay reconocimiento para el comerciante que sobrevive entre abandono urbano y baja seguridad. No existe un premio para la familia que enfrenta todos los días un estado mucho menos glamoroso que el que aparece en la promoción institucional. Para esa parte de Baja California no hay llamado a votar, ni campaña con sonrisa, ni narrativa de excelencia.


Lo más revelador ni siquiera es que promuevan el concurso. Eso, en términos turísticos, puede resultar entendible. Lo verdaderamente revelador es el tono con el que lo hacen. Hablan de proyección, de posicionamiento, de fortalecer la imagen del estado, de acercar las bondades de los municipios a visitantes nacionales e internacionales. En otras palabras, la prioridad sigue siendo verse bien. Seguir alimentando la vitrina. Seguir afinando la postal para consumo externo, aunque la experiencia interna siga marcada por carencias bastante menos vendibles.


En esa lógica, el turismo deja de ser solo un motor económico para convertirse también en una herramienta narrativa. Sirve para atraer visitantes, sí, pero también para construir una ilusión institucional donde todo parece más ordenado, más eficiente y más exitoso de lo que realmente es. La campaña no pide resolver. Pide votar. No pide cuentas. Pide respaldo simbólico. No busca discutir los pendientes del estado. Busca reforzar una imagen útil para la administración.


Y eso es justo lo que vuelve criticable este tipo de ejercicios. No porque Baja California no merezca reconocimiento por lo que sí tiene, sino porque el gobierno pretende montarse sobre esas virtudes para venderlas como reflejo de buen gobierno. El paisaje se vuelve argumento. La gastronomía se vuelve escudo. La belleza natural se vuelve coartada política. Todo suma para sostener una percepción luminosa que ayuda mucho en la promoción y muy poco en la rendición de cuentas.


Al final, el mensaje oficial parece bastante simple: vota por Baja California para que la historia siga luciendo impecable. Vota por la postal para que el escaparate mantenga brillo. Vota para que la narrativa turística siga funcionando como sustituto simbólico de los resultados que siguen faltando. En esta administración, la promoción no solo busca atraer visitantes. También busca proteger una ilusión donde el estado se ve mucho mejor de lo que se vive.


Redacción Noticias ContrasteBC

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