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Gobierno

Seguridad pública en Tijuana: mucho uniforme, poca autoridad

Redacción Contraste BC · 3 de abril de 2026
Seguridad pública en Tijuana: mucho uniforme, poca autoridad

El titular de la secretaría de seguridad pública;José Alejandro Avilés Amezcua parece dirigir la seguridad pública con la precisión de un carnicero en pleno rastro: resuelve muy poco, deja expuesto el desorden como si fuera poco o nada le importara. Un día queda a deber, al siguiente también, para finalmente repetir la dosis. 


El problema no es solo que no da una, el problema real es que cada una de las áreas bajo su responsabilidad parece competir por demostrar cuál funciona peor. La prevención brilla por su ausencia, el alcalde Ismael Burgueño, que tendría que exigir resultados, prefirió buscar alianza con la famosa “patrulla espiritual” termina siendo una metáfora involuntaria del gobierno municipal: mucho símbolo, poca utilidad concreta. Una especie de performance institucional para fingir que algo se está haciendo mientras la calle sigue igual de rota.


De tránsito mejor hablar sin adornos: intersecciones bloqueadas, exceso de velocidad por todas partes, choques, carros volteados, desorden permanente. Tijuana convertida en pista de obstáculos. La autoridad vial no ordena, no disuade, no corrige. Solo aparece después del desastre para tomar nota del desastre anterior.


Pero la exhibición más reciente de Avilés no ocurrió en un operativo ni en una avenida colapsada, ocurrió frente a sus propios policías. Ahí quedó retratado con una nitidez devastadora. Un grupo de agentes inconformes se manifestó de forma pacífica. Había una oportunidad mínima pero valiosa para escuchar, contener, negociar, despresurizar el conflicto. ¿Qué hizo el secretario? Apenas tomó la palabra, los amenazó. Así, con ese tacto fino de recursos humanos manejado con guante de lija. El resultado fue inmediato: los manifestantes se levantaron de la mesa de diálogo. Ni siquiera pudo sostener una conversación sin convertirla en pleito.


Ese detalle importa más de lo que parece. Porque un mando incapaz de tratar con su propio equipo difícilmente podrá cuidar a la ciudadanía. Si no sabe escuchar a sus policías, menos va a entender el miedo de una ciudad entera. Si no puede conducir una protesta pacífica sin reventarla, menos podrá conducir una corporación compleja en una crisis permanente.


Entonces la pregunta ya no es incómoda. Es obligatoria: si no cuida, no protege, no previene, no ordena, no dialoga, ¿por qué sigue en el cargo? ¿Qué virtud extraordinaria justifica su permanencia? Porque resultados no, autoridad tampoco, prudencia, menos. Lo único visible hasta ahora es una administración de seguridad que parece hecha para fracasar con disciplina.


Redacción Noticias ContrasteBC

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